domingo, 30 de noviembre de 2025

Caras

 



Me dio por contemplar al alimón estas dos fotografías. La primera, del cubano Budy; la segunda, de la venezolana Oma. Únicos autores, hasta el momento, que nos han hecho llegar sus imágenes.

Y no es extraño que ambas contengan tal profusión de caras humanas, pues los edificios a los que pertenecen datan de la misma fecha y, parece, que estaba de moda llenar las fachadas de rostros.

«Es cierto, Nacho, que por entonces era habitual poner caras de piedra en los edificios» ̶  me comenta Rafael, el criado de los Torrero, al que he convocado para que me comente las fotos. «Pero si me has llamado para que te diga a quiénes pertenecen, no soy yo la persona indicada. Ni soy ducho en prohombres ni en mitologías»

«No era esa mi intención, Rafael. Ya sé que a los Gigantes del portón de los Luna se les atribuye la representación de Hércules o Teseo (aunque algunos dicen que este último es Gerión) o que sobre el tímpano está el dios Helios. Y también sé quiénes dicen estar representados en la fachada de la Lonja» ̶  le respondí. «No, esa tarea se la dejo a historiadores, guías turísticos y wikipedias. De ti, que fuiste coetáneo de la construcción de esos edificios mediado el XVI, solo quería saber tu impresión ante tanta cara petrificada»

Rafael calló unos instantes. Luego dijo: «Nunca lo entendí»

Tal vez estos fotógrafos del siglo XXI lo entiendan, lo obvien o ya estén acostumbrados a tanta cara.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Mi primer deseo profesional -inconsciente- era hacerme arquitecto. No sólo porque podría darle rienda a una morfología imaginativa convertida en inmueble de uso social o particular; sino por lo alegóricas y simbólicas que pueden ser las formas que uno concibe y que sirve como otra forma de decir, un lenguaje desde la piedra tallada como son estos casos que el difunto del siglo XX nos convida a Oma y a mí a discurrir con estas fotografías que le han llegado a su buzón sideral.


Las miro y reflexiono: siempre he creído en los códigos esotéricos o profanos de los que la humanidad se ha valido para decir a través de diferentes formas. En aquellos tiempos que la mayoría de la población no sabía leer, estos rostros funcionaban como un libro abierto: ayudaban a comunicar ideas de protección, de poder o de fe. Se prestaban también para ahuyentar el mal y resguardar el edificio y a sus convivientes. Otros mostraban el estatus del propietario, ya fuera su linaje o su nivel de poder. Igual pueden verse como mensajes moralizadores y hasta atemorizantes, recordando a cualquier espectador de la vigilancia constante que tenemos de lo divino o la fragilidad de la que está hecha el ser humano. Me recuerdan el pórtico de una iglesia recién visitada en Calatayud, declarada Patrimonio de la Humanidad, donde en una columna aparece la ósea carabela, símbolo de la muerte; y frente a ella, en columna semejante y a la misma altura, el rostro de un niño como un ángel simboliza la vida.

En fin... que me ha gustado este post y lo he disfrutado a mares inimaginables.  Esas caras son, a la larga,  memoria esculpida, enigmas que sobrepasan al tiempo, miradas que nos llenan  de interrogantes necesarias de seguir despejando. Y por ahí vamos…


Budy de Bayamo (Cuba)

 

Sabrá Dios por qué tanta cara petrificada. Lo único que yo intuyo es que aún con el paso del tiempo, los cambios en las maneras de vivir y el desarrollo de nuevas tecnologías, la obsesión por las caras sigue viva. Y se siguen mostrando al mundo en cada era según la herramienta que tenemos disponible, en aquellos tiempo eran de piedra, hoy en día son fotografías digitales. Hemos creado espacios exclusivos para lucir y compartir nuestras mejores caras, no en vano una de las redes sociales más utilizadas en estos tiempos es el Facebook, que traducido al español significa Portada, Carátula o Fachada–, y como ésta algunas otras, todas para mostrarnos, ajustándonos a los estándares sociales de estos tiempos, evidenciando estatus, modos de vida, poder, belleza. La verdad, me parece que van de lo mismo.

Pero como dice el dicho: "caras vemos, corazones no sabemos"

De la misma manera pienso, que al ser virtuales casi todos los registros de esta época, es probable que las próximas generaciones en los siguientes siglos, no se tenga rastro nuestro como aquellas caras de piedra.

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


jueves, 30 de octubre de 2025

San Pablo

 


Estuve enseñando esta foto de la iglesia de San Pablo a varios de mis colegas que vivieron en Zaragoza después del siglo XIV. Casi todos me comentaron el impresionante espacio que la torre cristiana destinó a campanario y que se adivina tras los vanos más grandes. Hasta que se la mostré a Yusuf.

«No tienen ni idea» ̶  me espetó, entre rabioso y resignado. «Ni era cristiana, ni ese espacio estaba destinado a un campanario. Aquella torre octogonal fue un alminar que se construyó en el siglo XI como maqbara para el Sultán de la taifa y el espacio al que aludes fue su cámara mortuoria.»

«¿Pero los musulmanes no entierran a sus muertos?» ̶  le repliqué.

«¡Ay, amigo! Ya deberías saber que las cosas no son negras o blancas. Por lo que yo sé, aquel Sultán era chií, a diferencia del grueso de la población que éramos suníes. Y los chiíes eran mayoritarios en Persia, donde todavía conservaban antiguas tradiciones del “zoroastrismo” o “mazdeísmo”, entre ellas la de colocar a sus difuntos en las alturas» ̶  me resumió pacientemente Yusuf.

Tras esta breve lección de historia, me quedé meditando sobre la relevancia de los motivos originales de nuestras construcciones frente a lo que sugieren a quienes las contemplan en cualquier época, como al propio autor de esta fotografía.

Y recordé la especial impresión que me produjo la primera vez que observé la torre desde sus pies y me vinieron a la cabeza aquellos versos finales del soneto que Gerardo Diego dedicara al ciprés de Silos:

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

 

«Si veis una cabeza de un viejo canoso y demacrado rodando por ahí, no asustéis hijo bueno que es la mía por defender la doctrina de mi señor Jesús». La voz me detuvo frente a la gigantesca torre que se erige sobre la iglesia San Pablo. Luego prosiguió:


«Si...yo soy ese mismo de quien has oído hablar, pero de quien poco sabes, porque tú te encargas de atrapar bellezas con historias, pero no siempre hurgas en las historias» (Tenía razón, pero la observación me despertó un ligero enfado. Vaya viejete regañón- me dije)

«Yo que nací en Tarso, en la tribu de Benjamín. Mi nombre real es Saulo, tenía ciudadanía romana y eso me daba un estatus de grandes influencias. Odié fervorosamente a los cristianos y como fariseo que era, arremetí sin piedad contra aquellos que veneraban la existencia de Jesús el Nazareno. Pero un día,  camino a Damasco, vi una luz que casi me ciega y escuché la voz divina de mi Señor. Su presencia fue la revelación más convincente de su eterna presencia, y sus palabras transformaron el espíritu que yo encarnaba. Desde entonces no hice otra cosa que recorrer todo el mundo grecorromano propagando su palabra sobre el reino de los cielos y fundando iglesias para que todos los gentiles supieran que Él era el camino, la luz y la verdad. Entonces fui yo el odiado, el perseguido, el humillado, el masacrado. Yo, el que renunció a todo su estatus, el que escribí las cartas más importantes del Nuevo Testamento, el que me empeñé en darle vida eterna en la palabra viva a quien dio la vida por nosotros y con su sangre pagó y limpió todos nuestros pecados, yo...»


La voz del viejo se quebró de emoción y yo sentí el filo de un metal cortante atragantando mi garganta, como si algo me cortara el aliento. Pareciera que mi alma estaba allí en el año 63 d.C.


Fue entonces que miré a la torre y me pareció ver a un ángel, a un Santo, a un hombre de inquebrantable fe. Y apunté con mi cámara y atrapé su vuelo; aunque algunos miren la foto ahora y solo vean un pedestal muy alto cerquita del cielo.


Budy de Bayamo (Cuba)

miércoles, 15 de octubre de 2025

Principal

 


Se me ocurre enseñarle esta fotografía al poeta del siglo IV Prudencio, destacado miembro de nuestra póstuma Asociación, indicándole el lugar exacto en que se sitúa ese teatro.

«¡Pues no me extraña que llamaran así a ese lugar» ̶  exclama el autor de la Psychomachia, « teniendo en cuenta que, según me dices, está junto a la puerta meridional de Caesaraugusta, al final del Cardo. Y, como es sabido, “Cardinal” y “Principal” vienen a significar lo mismo!»

Pienso para mí, y sin querer menospreciar la erudición del poeta, que no es ese el motivo del nombre.   

«¡Pero cómo iba ser ese!» ̶  nos espeta de sopetón Marcelino, uno que fue vidente a finales del XVIII y que me estaba leyendo el pensamiento, «El verdadero motivo fue que quisieron destacarlo de otros teatros de la época, cuando lo edificaron justo enfrente del que fue Coliseo de Comedias, destruido años antes por un incendio»

 «Y menudo incendio» ̶  interviene otro del XVIII que se acercó también a nuestra pequeña reunión, «Setenta y siete personas murieron allí. Incluso se llegó a prohibir el teatro por el Rey»

«Y eso que la única función de ese corral de comedias» ̶  apuntala el vidente, «era financiar al propio Hospital Nuestra Señora de Gracia, en cuyo interior se encontraba»

«¡Pero ¿cómo pueden decir que el arte de Plauto o Terencio solo tiene fines recaudatorios?!» ̶  bramó Prudencio, indignado.

Entre dimes y diretes, hemos formado un corrillo y representado un entremés alrededor de esa foto remitida por el cubano. No sé si a él le pasó lo mismo, pero a mí se me antoja que las encaramadas Talía, Melpómene, Euterpe y Terpsícore, además de musas de lo que se representa tras la fachada, ofician de espectadoras pétreas de los que actuamos de este lado, el verdadero teatro principal.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Pues sí, estimado amigo espíritu maño... no sólo que las musas del Olimpo presencien desde lo alto el dime y te diré de estos difuntos caballeros que aún, vivido estos espacios citadinos de la Cesaragusta milenaria, discutan la existencia y consistencia de sus datos reveladores; sino que estas cuatro diosas hermosas; aún perciben los contradichos tozudos de cualquiera que pase bajo sus sagaces miradas, perplejas de que en miles de años, los vivos y los muertos siguen siendo la misma irracionalidad irremediable.

No por gusto este servidor del lente artístico las atrapó en franca complicidad y recordó el pasaje en que el joven José Martí, apóstol crístico de Cuba, en su estancia zaragozana, traspasara el umbral de este fascinante teatro más de una vez, allá por 1873 para deleitarse con el bel canto de los tenores  Antonio Aramburo o Andrés Marín, cuyas voces, como si fueran  truenos de suave y lírica tempestad, lo llevaban a navegar otras dimensiones de su incipiente espíritu emancipador.

No sé si para entonces, ellas ya estaban colocadas ahí, pero imaginarlas ver entrar al hijo más grande de mi patria es la licencia que me atribuyo, sirva o no para una buena controversia afectiva con el tal Nacho de Zaragoza.


Budy de Bayamo (Cuba) 


lunes, 29 de septiembre de 2025

Panetes

 


Sorprendo a Rodrigo, templario del siglo XII, conversando con Yusuf, zagrí del XI, alrededor de esta fotografía remitida por la venezolana Oma.

«Esa torre inclinada que ves» ̶  comenta el del Temple, « perteneció a la iglesia que sustituyó en el XVI a la de la Orden Hospitalaria de San Juan, construida en el XII»

«Supe, después de muerto, que los cristianos la levantasteis en el lugar dende teníamos la Zuda, junto a la muralla» ̶  le replica Yusuf.

«Así fue. Y luego la llamaron San Juan de los Panetes porque allí se repartían panes a los pobres»     ̶  añade el cristiano.

Intervengo en la charla para preguntar a Rodrigo: «La verdad es que quedan pocos vestigios de la Órdenes de Jerusalén en la ciudad, quitando este recuerdo del que habláis sobre la Hospitalaria de San Juan y el hecho de que una calle todavía se llame del Temple»

 «Y el barrio en el que se encuentra también se denomina así,» ̶  me contesta, «pues allí se encontraba nuestra iglesia circular de Santa María del Temple. Además, te olvidas del Convento del Santo Sepulcro, cuyas Canonesas también pertenecen a una Orden de Jerusalén»

«Bonita historia,» ̶  interrumpe Yusuf, «pero, volviendo a la foto, me sorprende la inclinación de las figuras que allí aparecen y me pregunto si son así en la realidad, pues no hay ningún otro objeto que nos sirva de referencia, solo el cielo al fondo.»

Me quedo con las últimas palabras del musulmán, “el cielo al fondo”. ¿Y si la fotógrafa lo que quiso retratar era precisamente el azul del cielo y las figuras solo emergen para situarlo como cielo zaragozano, o mejor dicho, como el cielo que se vive hoy en Zaragoza. Ese cielo, ese color, esa luz que en realidad habitamos.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Un cielo azul completamente despejado, un día hermoso con un clima sin desperdicio y una torre inclinada. En ese momento no necesitaba nada más que disfrutar de la vista, sin siquiera imaginarme todo lo que se ha podido vivir en ese lugar durante tantos pero tantos años de historia y vida en Zaragoza. 

Solo me atrapó el azul del cielo, y pensándolo bien no es casualidad que sea ese color mi color favorito. El cielo y el mar son azules, el azul del mar es el reflejo del color del mismo cielo, uno tan amplio e infinito y el otro tan profundo, pacífico e indomable. En mi tierra cuando el cielo está despejado y el sol está en su punto más alto, la luz que proyecta da un espectáculo de azules en el mar con tonalidades que seguramente no has visto nunca antes. ¡No, no es casualidad que sea mi color favorito!

Leyendo el comentario de Rodrigo, que nos dice que a la Iglesia la llamaron San Juan de los Panetes porque allí se repartían panes a los pobres, solo puedo pensar en lo mucho que extraño el pan dulce de mi San Cristóbal, aquel al que en el resto de Venezuela han llamado siempre "pan andino". Un pan de miga tierna y esponjosa, dulce y con una corteza crocante que de solo describirlo se me hace agua la boca y me lleva a mis años de infancia, cuando iba con mis padres a la panadería y se nos hacía difícil decidir cuál y cuántos comprar, porque había variedades y nos gustaban todos.

Ahora de mayor, y después de tanto extrañar este pan, he investigado un poco para saber qué lo hace tan diferente y especial. Y es que es un pan que, a pesar de tantas influencias extranjeras y desarrollo de la gastronomía, ha preservado la receta desde sus orígenes, estando su principal secreto en que se elabora de manera artesanal a partir de una masa madre llamada Talvina, elaborada con harina de trigo, panela y agua, que luego se combina con leche, huevo y mantequilla. Esa combinación de tradición, textura y sabor la llevo conmigo desde San Cristóbal hasta cualquier lugar del mundo en el que me encuentre.

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


sábado, 13 de septiembre de 2025

Sas / 2


 

Aunque no se vea en la imagen, por debajo de la cruz pasa un río en silencio (la Virgen está dormida). Quiero decir que esa cruz se sitúa sobre un tajamar del Puente de Piedra, lugar favorito de los turistas para hacer fotografías.

«¿Turistas?» ̶  me mira con extrañeza el legionario romano Caius. «¿Qué es eso»

Como no le respondo, sigue con su cuento:

«¿Y esa cruz, tú sabes a qué viene?»

 «Es un memorial que recuerda a tres héroes de la guerra de la Independencia, uno de ellos el presbítero Sas» ̶  le respondo.

«¿Qué es un presbítero?»

Desisto de contestarle. El simplón de Caius no ha seguido la actualidad en estos últimos dos mil años y hay que explicarle todo. Menos mal que se ha acercado Bernardo, que vivió aquella guerra de principios del XIX y  seguro me aporta algún dato.

«Es cierto, Nacho» ̶  empieza comentando Bernardo, «el pobre Santiago Sas y el Padre Boggiero fueron asesinados a bayonetazos sobre ese puente tras la rendición de Zaragoza a los franceses»

«Pero creo que la cruz recuerda a tres personas» ̶  le puntualizo.

«Sí. El otro era José María Joaquín Vicente de L’ Hotellerie de Fallois y Fernández de Heredia, Barón de Warsage, un curioso personaje nacido en Calatayud pero de origen flamenco, que también murió sobre el puente, aunque éste en plena refriega»

Entretenido con esta historia, casi se me olvida comentar ese otro elemento que aparece en la fotografía, ese edificio con múltiples torres que suele asociarse a la imagen de la ciudad. Un edificio singular. O no tanto, porque las dimensiones de su planta son exactas a las del templo de Artemisa (diosa virgen y madre) en Éfeso, una de las siete maravillas de la antigüedad.

Es curioso que la Virgen María, dice la tradición, tras visitar las orillas del Ebro, viajara hasta Éfeso para tener allí su última morada en la tierra. Tendré que hablar con algún asociado de la época romana más culto que Caius a ver si me da alguna pista.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Siempre termino seducido por determinada belleza y por lo que muchas veces entraña como misterio, como magia un enigma al que nunca le he buscado respuestas. 

 No siempre es el fotógrafo quien ve la foto. Ella siempre ha estado ahí esperando que te dignes en descubrirla (si de verdad te consideras un fotógrafo de marras), hasta el día que te sale al paso y se crea esa sutil complicidad llena de coquetería, con un poder de imantación irresistible (como suele suceder a veces entre un hombre y una mujer que se cruzan miradas) y en cuestión de segundos, tú que andas levitando de amor por la ciudad elegida para tus años de vida, te percatas que todo parece perfecto: la luz, el color, la temperatura ambiente, la posición del sol, el ángulo, la perspectiva, la ubicación de los sujetos, la proyección con fuerza visual...y sin pensarlo mucho - porque ya estás definitivamente atrapado por ella; es la foto quién te está somatizando- haces el clic de la perpetuidad sin darte cuenta que debiste agacharte más y tomar la cruz a tamaño completo, pero a esa hora mágica te olvidas de las reglas de los tercios, de la composición perfecta, del encuadre idóneo, te olvidas de todo porque es la belleza quien te ha hecho la foto a ti, dejándote suspendido en un solo clic como suele hacer siempre la fuerza de un beso. Un beso que suena así...

 Budy de Bayamo (Cuba)


sábado, 6 de septiembre de 2025

Sas /1

 


Cuando moré en Zaragoza en el pasado siglo XX, solía acceder por Candalija a la calle Alfonso con estas mismas vistas que retrató el fotógrafo bayamés, es decir, con la Plaza de Sas al fondo.

Aunque en la presente imagen hay algo que se interpone y que yo nunca vi entonces: la gigantesca figura de un ser desnudo que parece portar un par de animales. Supongo que será reciente su aparición en medio de las calles zaragozanas, aunque debo decir que yo esa escultura ya la había visto en vida en algún otro lugar.

«Mira, Ramiro. Ahí estaba la plaza del Carbón» ̶  oigo decir a Artal, noble del siglo XV que en ese momento miraba la foto, junto a su amigo, por encima de mi hombro.

«Y en su interior se encontraba el Peso del Rey» ̶  le contesta el tal Ramiro.

«Calculo» ̶  prosigue Artal, «que la estatua estaba donde en nuestra época discurría el Trenque de Ximeno Gordo»

«¡Menudo tipo el Ximeno Gordo!» ̶  exclama el otro. «Tuvo que venir el futuro rey Fernando, entonces príncipe, a sofocar la revuelta de los “populares” y ajusticiar en la Aljafería a Ximeno Gordo, su cabecilla»

«Sí, recuerdo que expusieron su cadáver junto al Mercado ¡Qué tiempos!» ̶  sentencia su amigo.

Ajeno a esa charla, un asociado, coetáneo mío, me reclama para confirmarme que esa escultura también él la vio en otro sitio, entregándome una fotografía para confirmarlo.

¿Será que aquel hombretón de bronce bajó de su pedestal para visitar las calles zaragozanas?



Nacho de Zaragoza (España)


Poco sé yo de cómo era la Zaragoza de principios del siglo XX. Si bien el mundo no era nuevo, si lo empezaba a ser en modernidad y tecnología avanzada. Y para los primeros años, exactamente en 1928, el artista plástico y escultor aragonés Pablo Gargallo, avezado en dominar técnicas de fundición del arte moderno, elaboró en bronce la escultura de la que hoy mis muertos asistentes me susurran al oído. Nada más y nada menos que "El pastor del águila".


Uno de los difuntos vivientes dice parecerle haberla visto en otro sitio, fuera de su actual emplazamiento en la calle Alfonso I, esquina Candalija, pero lo real es que la segunda foto que avisoro dentro de esta zaragozacuántica está ubicada en la plaza Cataluña de Barcelona desde el mismísimo 1928. La que atesora Zaragoza en su céntrica calle devenida paseo peatonal, fue reproducida igualmente en bronce, con el mismo molde, y erigida en ese pedestal en mayo de 2003...que por cierto, tiempo después, intentaron robarla de ahí, pero los ladrones solo lograron mover la base del pedestal.


La escultura representa a un pastor protegiendo a su rebaño del ataque de un águila, a la cual enfrenta con su mano izquierda, mientras que con la derecha, parece acariciar a una de sus crías. Su ubicación enfila los pasos hacia desde dónde yo la tomé. Venía del museo Pablo Gargallo, su autor, cuando me llamó la atención el torso desnudo, la posición, el fondo (que ahora se que es la plaza SAS) y el águila intrépida y bestial. No sé por qué recordé a una escultura de Hércules ubicada en la Plaza Nuestra Señora en Florencia. Seguro que es por la definición de sus músculos.

En mi paso fugaz por Zaragoza en el 2019 la vi por primera vez y tengo de recuerdo una foto donde el pastor parece decirme: "Te espero dentro de poco para contarte mi historia". Y ya ven, aquí estoy.

Budy de Bayamo (Cuba)


lunes, 18 de agosto de 2025

Ariño

 


Cada vez que en vida pasé por esa plaza, cuyo nombre es debido a que allí se asentó en el XVI el linaje de los Pomar, Marqueses de Ariño, no podía dejar de pensar en que esa escultura de Eduardo Jimeno estaba fuera de lugar.

La razón estaba en el motivo de la erección del monumento, que supuestamente era el de homenajear a la persona que filmó la película Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza, rodada en el XIX y considerada la cinta española más antigua de las que se conservan en la actualidad. Pero, si esto era así, ¿no sería más lógico que la estatua estuviera frente a la Basílica en su propia plaza?

«Pues para mí lo importante de la foto es el edificio de ladrillo que se adivina al fondo y en el que tuve la fortuna de prestar mis servicios» ̶  me comenta Rafael, el criado de los Torrero, propietarios de la Casa-Palacio renacentista a la que se refiere el lacayo.

Observando en silencio nuestra charla ha permanecido Egnatius, el ibero que delineo la Centuriatio de Caesaraugusta, hasta que en cierto momento, abandona su mutismo para advertirnos:  «Lo verdaderamente relevante de esa fotografía está detrás de esos muros del fondo. Ellos mismos constituyen el lado sur de la cuadrícula central de Caesaraugusta. Esa ínsula central, o manzana, como ahora se llama, contiene en su interior el mismísimo Umbilicus Urbis, aunque casi todos crean que se sitúa en el cruce del Cardo con el Decumano».

Ante esta revelación, imagino que si Eduardo Jimeno la conociera y pudiera retroceder casi dos milenios en el tiempo, giraría su cámara de bronce unos noventa grados para filmar in situ la escena fundacional de nuestra urbe.

A fin de cuentas, tal vez los ediles modernos no estuvieran tan desacertados en colocar allí la estatua. Solo les faltó orientarla adecuadamente.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Lo vi por primera vez en la primavera del 2019. Mis pasos estrenaban a la madre patria y después de la opulencia urbanística de Madrid y Barcelona, mi último espacio nacional se llama Zaragoza. Fue cuestión de horas mi estancia en tierra maña, pero mi cámara lo atrapó como el que descubre un universo de espejos desconocidos y sabe que en ellos conviven desde antes, destellos de ti. 

La singularidad de una escultura a tamaño natural, con un trípode y cámara de cajón siglo XIX me caló profundamente porque derivó en el punto de reconocer que siendo mi país natal uno de los primeros en América en desarrollar la fotografía, no existe ni un solo monumento a ninguno de los grandes artífices de la luz que ha dado en dos siglos la bendita isla. 

Me regresé a Cuba, pero no olvidé la escultura; mi memoria suele grabar con eterno fijador lo que el filtro de mi mirada obtura. Cuatro años después volví a encontrarla. La recordaba en posición contraría, como si todo el recinto enladrillado que encara, estuviera en la acera que le queda a la espalda...ah, pero algo quería decirme esa posición bifurcada, ese giro mío de 180 grados. Una acera comercial, un café llamado Dídola y un edificio núm 28. Un fantasma que recorre Zaragoza, un tal Nacho que roba mis fotos de algún espacio cibernético en mi ordenador. Me inquieta la idea, me zozobra y me sobresalta mi inocente dejadez.

¿Pudiera usted, don Eduardo Jimeno atraparlo con su cámara? 

 Budy de Bayamo (Cuba)


sábado, 26 de julio de 2025

Cisne


Tal vez el autor quisiera reflejar el signo de estos tiempos, teñidos por el fenómeno turístico, al retratar tal cúmulo de carteles, pero por estos pagos tempiternos no necesitamos indicadores para acceder a Palacios y Arcos del siglo XVI o a Termas y Teatros de cuando los romanos imperaban.

Siendo eso así, no es de extrañar que el corrillo de asociados que se ha formado en torno a esta fotografía se haya centrado en ese otro letrero, cuyo mensaje dice CALLE EL CISNE y que pretende denominar la vía que flanquea el Palacio de Miguel Donlope, hoy sede de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza.

«Ese lugar se llamaba Alberuela» ̶  dice alguien que vivió en la Baja Edad Media. «Pues en nuestro tiempo esa calle era la de La Roda»  –replican unos del siglo XIII. «Y en el mío se conocía como de Tomás de Toledo» –añade otro que fue allí vecino en el XVII.

Yo, sin embargo, leo ese CALLE EL CISNE, pegado al muro del viejo palacio, como la imprecación a un ave palmípeda para que enmudezca. Y es así que no puedo dejar de evocar estos versos de Alfonsina Storni:

Cuentan las leyendas que es un cisne-poeta...

que la magia del ritmo le ha ungido la garganta

y canta porque sí, como el arroyo canta

la rima cristalina de su corriente inquieta.

 

Yo he soñado una noche que en el viejo palacio

era el cisne cansado de mirar el espacio.

 Nacho de Zaragoza (España)

 

Se llamaba oficialmente Luis Rogelio Nogueras, natural de la Habana, Cuba, pero muchos lo conocían como Wichy el Rojo por el color de su cabellera. Nació en 1944 y murió en 1985 a la edad de 40 años. Se supone que su muerte fue uno de los primeros casos de SIDA en la gran isla caribeña. Era poeta, narrador, periodista, cineasta, guionista y editor. Gozaba de gran fama en el panorama literario cubano de los años 80 del siglo pasado, siendo muy amigo del reconocido trovador cubano Silvio Rodriguez.

El fotógrafo bayamés dobló uno de esos extraños laberintos zaragozanos acortando caminos para salir a cualquier avenida o calle que lo acercara a su casa . Desde un ángulo apreció el universo posible de varias fotografías diferentes, pero apenas vio el cartel, no pudo evitar recordar los versos más famosos en la voz del finado bardo cubano.

AMA AL CISNE SALVAJE

No intentes posar tus manos sobre su inocente cuello,
(hasta la más suave caricia le parecería el brutal manejo del verdugo)
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche)
No remuevas el agua de la laguna,
no respires.
Para ser tuyo tendría que morir
Confórmate con su salvaje lejanía
Con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza, escóndete en la hierba)
No rompas el hechizo de esta tarde de verano
Trágate tu amor imposible
Ámalo libre.
Ama tus ojos que pueden ver,
Tu mente que puede oír la música,
el trueno de las alas.
Ama al cisne salvaje.

Budy de Bayamo (Cuba)

jueves, 17 de julio de 2025

San Miguel

 


No voy a suponer que el camarógrafo cubano estuviera perdido cuando llegó hasta el lugar de la fotografía, siguiendo los sonidos de la “Campana de los Perdidos”, pues en el siglo XXI hay otros medios tecnológicos para orientarse. O para perderse del todo.

Pero el hecho es que esa torre contiene desde el XVI una campana tocada para orientar a los perdidos en la niebla.

«Así era,» ̶  me confirma Miguel Donlope, «desde ese campanario de la iglesia mudéjar de San Miguel de los Navarros, se tañían hasta treinta y tres campanadas diarias con ese fin.»

«Bueno, Miguel,» ̶  le interrumpo, «no diga usted muy alto lo de mudéjar, no le vaya a oír Yusuf y le replique que en realidad era un alminar musulmán»

«Dirá lo que quiera ese zagrí, coetáneo mío en el XI» ̶  tercia iracundo el soldado jaqués Jaime Ramírez, «pero lo que no podrá refutar es que allí estaba el límite de la judería extramuros y el de la propia Saraqusta, y por allí entraron mis compañeros navarros a las órdenes de Alfonso I»

Como siempre, cada vez que comento una foto con mis colegas, compruebo que la historia no es unívoca. Y así me lo refrenda Vicente Andrés, cronista del siglo XIX: «En el lugar desde el que se hizo esa foto, se encontraba la Puerta del Duque de la Victoria, que en realidad más que una puerta era un arco del triunfo en honor a Espartero»

Ya lo ven, andamos tan perdidos en el presente como en el pasado. Oímos campanas sin saber de dónde. Y por cierto, una recomendación para nuestro artista bayamés: “Acérquese a las 22:05 al lugar que fotografió y tal vez puede escuchar treinta y tres campanazos. Si es así, quien sabe si consiga encontrarse”.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Hecho de una naturaleza tras humana, reconociéndome como parte de una esencia y sustancia de partículas cósmicas, me urge refutar lo de "perdido por ahí" dicho por uno de estos hablantes finados. El viajante eterno que soy a través del tiempo me hace saber que nunca he estado perdido, ni nunca he buscado una dirección especifica que no sea la única senda que me indica VIVIR. Existir. Y en ese proyecto de pertenencia me muevo sin rumbo fijo, sobre todo cuando se trata de perpetuar la imagen que se presenta ante mis ojos.

Soy un andariego atrapando luces y sombras. Muchas de mis fotos responden, básicamente, a una respuesta emocional, a la aprehensión de lo visto conectado con mi alma. Y sobre todo si lo visto está plegado de cierta belleza; aunque ese no sea el quid fundamental de hacer clic, pero la mayoría de las veces esa es la intención: captar lo bello, aún en lo considerado feo, aún en lo desconocido, aún en el misterio de no saber a veces por qué lo hago.

Me alegra que esta foto haya traído el variopinto disloque crónico de historiadores y celebridades que no coinciden en datos exactos, excepto esas 33 campanadas que buscaré hoy mismo a las 22:05 de mi noche mágica, perdido no se sabe por dónde y hacia dónde.

Budy de Bayamo (Cuba)  


martes, 24 de junio de 2025

Magdalena

 


“… mecánicamente, agobiado por la insulsa jornada y ante la perspectiva de un triste día por venir, llevé hasta mis labios una cucharada de té en la que había dejado ablandar un pedacito de magdalena. Pero en el instante mismo en que el sorbo mezclado con las migas de la torta tocó mi paladar, me estremecí, atento a lo que pasaba de extraordinario en mí. Un placer delicioso me había invadido, aislado, sin la noción de su causa. Había vuelto, en un instante, las vicisitudes de la vida indiferentes, sus desastres inofensivos, su brevedad ilusoria, de la misma manera en que opera el amor, llenándome de una esencia preciosa: o tal vez esa esencia no estaba en mí, era yo mismo. Había dejado de sentirme mediocre, contingente, mortal. ¿De dónde había podido venirme esta poderosa alegría? Sentía que estaba ligada al gusto del té y de la torta, pero que lo sobrepasaba infinitamente, no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía?”

… decía Proust en un texto que recuerdo al ver la torre de la Magdalena en esta imagen firmada por Oma de San Cristóbal.

Sí, Magdalena o Madalena, que de estas dos maneras se denomina la torta que debió tomar el señor Proust, y también el barrio zaragozano presidido por esa torre mudéjar aledaña a la antigua Porta Prima romana, en un extremo del Decumano.

«¿Torre mudéjar? ̶  me cuestiona el zagrí Yusuf, vecino de la Saraqusta del siglo XI. «Ese es el alminar que presidía las tumbas de los tabíes junto a la Bâb al-Quibla. Luego los cristianos lo resignificaron y cambiaron la historia»

Lo cierto es que, fuera como fuera, es bellísima. Su figura domina la encrucijada en que confluyen la bajada de San Cristóbal, el Decumano (hoy Calle Mayor), el Coso Bajo y la que fue sede del “Estudio General de Artes” de Zaragoza desde 1474.

Confluencias y confusiones de calles, sabores y recuerdos, que nos remiten desde la belleza a historias como la de una tal  Madeleine que repartía a los que hacían el Camino de Santiago pastelitos en forma de concha, símbolo de ese peregrinaje; o a la de aquella María de Magdalia, a cuya advocación se dedica la torre más bonita de la ciudad.

Nacho de Zaragoza (España)

 

¡Madalena!

 Un día me enteré que madalena y ponquecito se refería a lo mismo, gracias a la conversación de dos amigos (cada uno oriundos de países diferentes, uno de Venezuela y el otro de España), que discutían por el nombre de la presentación individual de un “pund cake”, pero resulta que por solo algunas pequeñas características diferentes en la pastelería, también se puede llamar CupCake y Muffin, cuatro nombres diferentes para un pedacito de cielo.

El caso es, que tenemos la tendencia de definir todo lo que hacemos, pero para mi las madalenas o “ponquecitos” fueron la forma con la que conseguí brindar un pedacito de mi corazón a la gente que me rodeaba, por allá en el 2015. El compartir algo delicioso con mis amigos en el descanso de la jornada laboral, fue la manera de expresarles mi amor (quizás ese mismo del que habla Proust) y su manera de dejarme saber que se me daba bien esto de los dulces, nos permitió darnos cuenta de que esto es lo que realmente me apasiona y por lo que hoy en día, en pleno 2025, estoy transitando.

Así fue como las madalenas me iniciaron en este “camino”, el que hoy creo que es mi camino, y en mi transitar por España también me encuentro con historias como la de una tal Madeleine que repartía pastelitos en forma de concha a los que hacían el Camino de Santiago, camino que también quiero recorrer; o a la de aquella María de Magdalia, a cuya advocación se dedica la torre más bonita de Zaragoza, a la que un día decidí fotografiar para conservar, no solo en mis recuerdos, su hermosa presencia.

 

Oma de San Cristóbal (Venezuela)



viernes, 13 de junio de 2025

Doña Casta


El bullicio del corazón del Tubo debió atrapar, como a tantos otros, al fotógrafo cubano, con el dilema de detenerse el tiempo necesario para liquidar una croqueta o seguir caminando y tirar para Estébanes o para Libertad.

«Pues que sepa, que si va para Estébanes hollará el lugar donde los Estévanes tenían su casa solariega» ̶  me comentó el jaqués Jaime Ramírez, antes de glosar la figura del patriarca de aquel linaje. «García Estevan se llamaba y era de nuestras montañas jaquesas» ̶  continuó Ramírez con orgullo, «yo mismo serví a sus órdenes en las tropas del Rey Alfonso que entraron en Zaragoza en 1118 para echar a los sarracenos»

Sospecho que al viandante de hoy le tiran más las tapas que la historia y tal vez opte por adentrarse en Libertad, a la que alguno, en los primeros años del siglo XX, pudiera llamarla “Libertinaje”, por aquello de que, decían, estaba repleto de “casas de tolerancia”.

«En mis años, en el XIX» ̶  escucho decir a un desconocido a mis espaldas, «esa calle se llamaba del Príncipe. Supongo que dedicada al Conde de Fuentes, Príncipe del Sacro Imperio Romano-Germánico …»

No sé yo si todos estos cuentos dejarían frío al de Bayamo y el relato que más le llegó fuera el que está escrito a los pies del RETRATO DE DOÑA CASTA (en la foto), y que dice:

A LA EDAD DE 30 AÑOS REGENTÓ Y FUE EL ALMA DE LA FAMOSA TASCA “LA LIBERTARIA”. MARCHÓ DE ZARAGOZA EN 1923 TRAS EL CIERRE DEL ESTABLECIMIENTO POR ORDEN GUBERNATIVA. DICEN QUE LA VIERON POR LA HABANA ACOMPAÑANDO A DON FRANCISCO ASCASO, PERO ESA YA ES OTRA HISTORIA …

Nacho de Zaragoza

 

El gallardo calza unas botas altas de señorito burgués. Pertenece a un linaje de sangre española pero él ha nacido en Cuba, nada más y nada menos que en Bayamo. Aún es joven, apenas 23 años y está en Zaragoza por medio de su padre que le ha costeado todos los gastos de este viaje por Europa como regalo por su reciente título de Abogado. Está lejos de saber que, pocos años después, su gallardía desatará una irreverencia indomable que lo convertirá en el Padre de la Patria y que luchará, a monte traviesa, contra las tropas españolas, deshaciéndose de todos sus derechos y bienes materiales para enfrentar a la Corona.

Pero esta vez viene de comprar un Goya, un pequeño óleo que muestra a un Jesús penando el calvario de la Cruz. Gusta del arte y en su tierra ha escrito obras de teatro, poesía, canciones, y toca el violín a la perfección. Unos amigos lo han llevado a degustar lo mejor de la comida aragonesa y le agrada el ambiente que emerge de ciertos recovecos laberínticos, fraguados en mezcla de aromas, esencias y olores que lo mantienen hechizado. 

Lo atienden con soberana displicencia y él se fija en los ojos de una niña que juega entretenida cerca de su mesa. La niña lo mira fijo y retiene en sus pupilas la forma del bigote, los pómulos pronunciados y una incipiente calvicie en el distinguido visitante. Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, quien no sabía en ese momento que se convertiría en el primer presidente de la República de Cuba en Armas, le hace un gesto a la niña y ella camina hasta el gallardo. Él se fija que del cuello de la niña cuelga una fina cadena de oro de la que pende un crucifijo parecido al óleo. Toma la pintura y se la regala a la niña y en gesto paternal le zarandea la cabeza.

Nunca más se volvieron a ver. En 1923 se dice que a esa niña zaragozana, ya convertida en mujer,  se le vio por Cuba de la mano de un joven distinguido. Se comenta también que la vieron por Bayamo, visitando las ruinas de la que fuera la casa cuna del insigne patriota; se dice que abrazaba con fervor un óleo de Goya; se dice que lloraba con delicada pasión; se dicen muchas cosas; pero puede ser que todo esto no sea más que una fabulación delirante de un fotógrafo cubano parado frente a una pintura en el corazón del Tubo, que habla de una tal Doña Casta a la cual un día la vieron por la Habana de la mano de un tal Don Francisco Ascaso.

 Budy de Bayamo (Cuba)


lunes, 2 de junio de 2025

Santa Mónica


Algún agujero de seguridad debe de haber en el buzón electrónico de nuestra Asociación, cuando no solo se cuelan fotografías del tal Budy de Bayamo (Cuba) sino que también se nos ha entrometido ésta imagen crepuscular, remitida por una venezolana.

Enseguida reconocí la portada de la iglesia del convento de Santa Mónica, colindante con el que fue de San Agustín. «Y es que Santa Mónica era la madre de San Agustín» ̶  me susurra al oído la voz de Narciso Palomar «Conozco muy bien ese convento, no en vano estaba en la calle que portaba, y porta, el apellido de mi familia: Palomar».

Así es. Y también lo es que Don Narciso fuera el propietario de un castillo, ya desaparecido, construido en el XIX sobre una colina situada en las cercanías de la hoy Estación Zaragoza-Delicias. 


Al enseñarle la foto adjunta que lo retrata, me mira nostálgico y prosigue: «Volvamos a los conventos. El de San Agustín tuvo gran relevancia en la historia de la ciudad, y no porque el santo africano tuviera alguna conexión con nuestra urbe, sino porque aquel cenobio fue escenario principal en las batallas con las tropas de Napoleón»

«¡Quién dice que Agustín no tiene conexión con Caesar Augusta! ̶  vocea el exlegionario Caius, interrumpiendo nuestra plácida conversación. «Su propio nombre lo delata. Los Agustines o Augustines, cuyo apellido proviene del propio Augusto, poblaron la ciudad desde su fundación»

No le falta razón al romano. Incluso, andando el tiempo,  fue un Agustín quien construyó en el XVI el palacio que hoy se dice de Fuenclara. Pero yo también quiero volver a los conventos agustinos (ya no augustinos), para destacar la oportunidad de la fotógrafa al retratar un elemento de su patrimonio, ahora, en este tiempo en el que uno de los suyos ocupa por primera vez el primado de San Pedro.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Y yo, que vengo de tierras lejanas, del "nuevo mundo", donde las historias que conozco tienen una data mucho más reciente. Ahora que transito por las calles de esta ciudad de Zaragoza en pleno siglo XXI, no dejo de sorprenderme al ver las construcciones que se mantienen en pie desde hace tantos pero tantos años, que pertenecieron a sociedades de otros tiempos, a otras maneras de vivir, y que han estado allí "viendo pasar" generaciones tras generaciones. 

De solo pensarlo me abismo al imaginar la cantidad de personas, experiencias y circunstancias que han sucedido en frente de ellas, así como la mía, cuando caminando por la calle en busca de alguna dirección, de pronto me topé con la iglesia del convento de Santa Mónica, que se me apareció de frente como una postal, de esas que se regalan a los seres queridos para mostrarles los lugares bonitos que existen en otras tierras.

Y es así como esta edificación "me ve pasar", siendo yo de otro lugar, con otra cultura, en mis propias circunstancias de por estos tiempos, dejando registro fotográfico que se cuela por algún agujero de un buzón electrónico en particular.

 Oma de San Cristóbal (Venezuela)

 

sábado, 24 de mayo de 2025

Mártires


 

VICTRIX CESARAUGUSTAE PIETAS INNUMERIS MARTIRIBUS PRO FIDE ET PATRIA, reza una inscripción en el monumento que retrata esta fotografía del cubano. Nunca me gustó esa mezcla de “fe” y “patria”, ni composiciones escultóricas con ángeles y armas.

Como sé que ese memorial recuerda a los llamados “innumerables mártires”, busco entre mis compañeros de ultratumba al poeta Prudencio, quien hizo su loa en el siglo IV, haciéndose eco de la leyenda.

«¡Pero aquellos mártires no empuñaban armas, ni defendían a su patria chica contra el Imperio del romano Diocleciano. Eran simplemente cristianos!» ̶  me espetó Prudencio nada más abordarlo. «Recuerdo» ̶  continuó el creador de Psychomachia y, por lo tanto, gran conocedor de las alegorías, «que Miguel Donlope me contó que construyeron una cruz in memoriam allá por el XVI»

En esas, casualidades del más allá, pasó Donlope junto a nosotros y Prudenció no perdió la ocasión de irle con el cuento. «Así es, compañeros» ̶  confirmó el noble renacentista. «Y os puedo añadir que aquellas innumerables ánimas martirizadas salieron en procesión la noche víspera del ajusticiamiento de Lanuza el Joven. Los propios soldados del ejército castellano de ocupación los vieron y su jefe, el Capitán General de Felipe II, Alonso de Vargas, dio fe de ello»

Yo leí en vida que aquella cruz fu destruida por el ejército de Napoleón y que a principios del siglo XX se sustituyó por este otro monumento. Allí aprovecharon para sintetizar mártires y defensores en el habitual uso espurio de la historia que hacemos cuando estamos vivos.

En mi experiencia por aquellos pagos, recuerdo que todo esto dio para que dieran el nombre de MÁRTIRES a una calle colindante, la que daba entrada al Tubo. Irónico que uno se vincule a los mártires al introducirse en la más famosa zona de deleite mundano de Zaragoza. Se lo comentaré a Prudencio. Seguro que compone con esta broma un buen Auto Sacramental.

Nacho de Zaragoza (España)


«¡Joder tío, pero si son igualitas». Esa fue mi primera impresión cuando la vi. Y hasta dije un poco más mientras la observaba detenidamente, con una expresión a lo cubano: «¡Coñoooo, asere...igualita igualita...Pal carajo!». Luego me di cuenta de algunas diferencias. (Si, a veces suelo ser un poco "impulsivo, impresionista, expresionista y tremendista" a la primera)

La cruz no es igual. Tampoco el lado que el ángel carga al fallecido. Aquí en Zaragoza, en la actual plaza de España, lo sostiene echado al lado derecho. Y allá en la Habana, en el camposanto que constituye ser la Necrópolis más grande de América Latina, el Ángel de la Fe lo sostiene echado hacia su lado izquierdo. Sin embargo;  los dos ángeles tienen los ojos vendados y la mano izquierda levantada hacia la eternidad. Tampoco son iguales sus alas, ni el pedestal, en fin... Eso no es revelador. 

Lo que quiero que sepan es que ese increíble monumento que te muestro aquí, es el más alto en la Necrópolis de Colón, mide 10 metros, está construido completamente en mármol y es un homenaje del pueblo de la Habana a 17 jóvenes bomberos que fallecieron tratando de apaciguar las llamas que destruyeron en el año 1890 la ferretería Isasi. En cada esquina del monumento hay cuatro figuras femeninas que representan la Abnegación, el Dolor, el Heroísmo y el Martirio...

Ah, pero hay un dato revelador conmovedor que enlaza al monumento a los innumerables mártires de Zaragoza con los jóvenes bomberos de Cuba. "La obra que se espiga en la plaza España es una replica tomada de la que se alza en la Habana, y ambas fueron concebidas por el escultor Español Agustín Querol". Si, ya sabes que soy un poco tremendista pero esto, innegablemente, me emociona mucho.  

Budy de Bayamo (Cuba)

sábado, 10 de mayo de 2025

Farolas

 


Comentaba yo esta imagen con la señá Micaela, propietaria que fue de la Cantina de la Puerta de Valencia allá por el XIX, y le decía: «No sé si llegó usted a conocer estas farolas alfonsinas de Averly».  

«Es posible» –me contestó, «y supongo que lo de alfonsinas se debe a que los de Averly quisieron hacer un homenaje a Don Alfonso XII, que tuvo el detalle de acercarse a su fundición cuando visitó Zaragoza».  

«¿Ah sí?» – repuse extrañado, «no pensaba yo que el sobrenombre de esas luminarias se referían al “Pacificador” sino a su antepasado en la corona el “Batallador”, por estar situadas en la calle Alfonso I, como la de la foto»

Micaela fijó la vista por unos instantes en la imagen antes de proseguir: «Ahora que lo dice señó Nacho, puede que esa sea la calle Alfonso. La abrieron en mi época y, aunque yo la transité poco, recuerdo esa marquesina como  la de la Joyería Aladrén». 

«Pues yo recuerdo que en ese local que usted menciona había un café» ̶  dije. «¿Cómo que un café?». «Sí» ̶  le respondí, «un establecimiento parecido al que usted regentaba en La Magdalena». Los ojos de Micaela se abrieron sin mesura mientras los labios me escupían a la cara su incredulidad con una única palabra: «¡Jesús!»

Tras limpiarme el rostro, repasé en mi memoria la cantidad de objetos metálicos que poblaron Zaragoza nacidos de la vieja fundición. No sé si el fotógrafo Budy habrá reparado en ellos en sus andanzas por la ciudad y si ésta le habrá sugerido la oportunidad de retratarlos. Tal vez futuras entregas nos lo revelen.

 

Nacho de Zaragoza (España)


No queda margen a la duda de que Cuba fue colonia de España durante muchos años y que como tal, en sus diferentes gobiernos o reinados imperando en la isla, se hizo notar la influencia de sus gustos y costumbres. Por eso, viajar a España y asentarme en Zaragoza, siempre me motivó a encontrar destellos de ese legado que los ibéricos fueron sembrando en diferentes escenarios de mi país.

Una cosa es lo que cuentan los historiadores y otra diferente la que uno palpa con sus ojos. Así vislumbré un día en la Cesaragusta moderna, esa hilera de luminarias que adornan la viabilidad de la calle Alfonso I, esa línea recta de luces a lo largo en ambas aceras que me llevan directo al Pilar o a la calle Coso (depende de si subo o bajo) y enseguida me vinieron como fogonazos, las luces que adornan al Prado de la Habana y otras calles de la bien conocida Habana Vieja.

No puedo precisar su año de instauración en Cuba ni el dato del fabricante, pero no me quedan dudas que, entre España y Francia del siglo XIX debe andar la influencia original. Dada mi fascinación por la fotografía, apenas vi las analogías en esa esbelta morfología metálica, no pude negarme al instinto básico de hacer clic en Zaragoza como mismo lo hice en la Habana. Y así, mirando y descubriendo los nexos subterráneos que todavía perviven a través del tiempo, ando yo "encandilado" por la vida, asistido de fantasmas que también tienen mucha Luz.


Budy de Bayamo (Cuba)


lunes, 28 de abril de 2025

Leones

 

Sorprendí a Miguel Donlope conversando con Rafael, el criado de los Torrero, en torno a esta fotografía: «Yo iba con mi padre cada año a la procesión del Corpus Christi, allá por el XVI, a ver  al león enjaulado, símbolo de nuestra querida ciudad, hasta que nos lo arrebató el rey castellano»  –comentaba Rafael. «Y antes de que lo enjaularan, vivía libre en el foso de la Aljafería. Recuerdo escaparme de casa de niño, junto a mi hermano Manuel para verlo de lejos» –asintió Miguel.

«Seguramente estos leones representan aquellos que comentáis» –les dije, sumándome a la charla, «los fundió en bronce el escultor Paco Rallo en el siglo XX y hay otros dos en el otro extremo del Puente de Piedra, allí donde señala la flecha, rematando el que fue viaducto romano»

«Bueno, más que viaducto, en origen fue acueducto» –interrumpió una voz a mi espalda. Era la de Egnatius, el delineante salduiense que dibujó la Centuriatio de la Colonia Caesar Augusta para los romanos en el siglo I a.c. «Los romanos decidieron abastecer la urbe con agua del Galicus y proyectaron unas tuberías que cruzaran el Iberus desde el punto más alto de su margen izquierda. Eso fundamentó la situación del puente y de la Colonia» –concluyó el ibero.

Algo escuché en mi época de estas palabras y también de las ruinas del Convento Mercedario de San Lázaro. Fijándome en la foto, reconocí obviamente la torre de Santa Leonor y no se me hicieron demasiado extraños ni el semáforo ni las farolas. Al fin y al cabo, soy del siglo XX. Pero lo que no logré identificar es eso de VMP.

 Nacho de Zaragoza (España)


Alguna vez dije que la culpable de que me guste tanto la ciudad de Zaragoza es justamente su Belleza. A ratos me encandilo fascinado por un detalle arquitectónico milenario o por la morfología de un edificio de arte post modernista. Andando sus calles, fui descubriendo elementos que me conectaban con mi entrañable tierra: negocios propios con alguna palabra muy cubana, calles y callejones llamándose Habana en el barrio La Jota, hasta motocicletas con pegatinas alusivas a la bandera cubana. Así llegué un día a los Leones que coronan los dos extremos del puente de piedra, obra del escultor Francisco Rallo y enseguida los asocié a los emblemáticos leones del Paseo del Prado en la capital cubana, que tienen una historia muy singular.

«Pues mire usted, señor Budy, que fue el Gobernador y Capitán General Felipe Fonst de la Viela y Ondiano quien se ganó la fama como el primer gran urbanista de la ciudad cuando en 1772 dio órdenes para iniciar el desarrollo de la avenida del Prado. Por cierto, ¿sabía usted que el Conde de la Torre, como también es conocido Felipe Fonst, nació en Zaragoza el 13 de Septiembre de 1725?

¿Le asombra tamaña coincidencia tratándose hoy el tema de leones? Lo que bien inició el Conde, luego, a través del tiempo y marcando importantes periodos de progreso en la Habana, lo continuaron Luis de las Casas y el Conde de Santa Clara, terminándolo el gobierno de Miguel de Tacón (1834-1838). Pero no fue inaugurado como Paseo hasta el 10 de Octubre de 1928 y dos meses después, el 1ro de enero de 1929 fueron colocados los 8 emblemáticos leones..., pero aquí es donde la historia se vuelve un enigma que aún nadie ha podido desentrañar. Mire usted, estimado fotógrafo, en 1925 arribó a la Habana, Forestier, jefe de jardines, paseos y parques de Paris, que es quien introdujo al Paseo la colocación de asientos de piedra y mármol, farolas con acabados artísticos, copas y ménsulas. Forestier encargó al también francés Jean Puiforcat, la elaboración de los Leones, pero éste importante artista no cubrió las expectativas y el encargo cayó en manos del autodidacta cubano Emilio Vizcón Hernández que realizó el primero de los Leones con sobrado talento y éxito, utilizando el cobre de los cañones de algunas fortalezas coloniales que protegían la boca de la bahía de la Habana. La obra tuvo un impacto tal, que Vizcón Hernández se acreditó una semana de descanso junto a sus compañeros de fundición, hecho que desagradó al jefe de Obras Públicas, despidiendo a Vizcón de tan importante encomienda, pero el reconocido fundidor tenía compromisos de trabajo en Estados Unidos y partió sin importarle el destino del resto de los Leones. La lógica deduce que para poder terminar la misión, usaron el mismo diseño empleado por Vizcón, pero roto el molde de yeso del primero, no se sabe cómo y quién logró realizar los otros siete leones que coronan las entradas y entre calles del famoso Paseo del Prado»

Así me vino de golpe la voz de Don Eusebio Leal Splenger, finado historiador de la ciudad de la Habana, mientras parado bajo los Leones del Puente de Piedra de la hermosa Zaragoza, tomaba algunas fotos a estos impresionantes felinos que en franca posición altiva parecen custodiar a la ciudad de cualquier intruso que ose sitiarla.

Budy de Bayamo (Cuba)