Empezaba a echarse de menos en
torno al buzón ultramundano el arribo de una nueva fotografía desde la Zaragoza
viviente. Tanto es así, que yo llegué a sospechar que los fotógrafos caribeños
habían vuelto a sus patrias. Por eso, cuando apareció esta imagen en nuestra
bandeja de entrada, creí que era de Cuba.
«¡Pero no ves al fondo el
Mercado Central!» ̶ me indicó
Fermín, contemporáneo mío en el siglo XX. «A ti lo que te ha despistado
es la cantidad de carteles».
« Puede ser. Y también este afiche en
primer plano que menciona a Cuba.» ̶
repuse pensativo.
Como la eternidad a veces se hace
larga, la aparición anhelada de otra instantánea había congregado alrededor de
la foto a varios “asociados” con ganas de meter baza. Uno de ellos, el locuaz
Cayetano, aprovechó mi silencio para intervenir:
«Recuerdo que muy cerca de
ahí estaba a finales del XIX la tienda de telas “El Gran Catalán”»
̶ dijo, señalando un punto de la imagen.
«Querrás decir “El Pequeño
Catalán”, comercio que, por cierto, todavía perdura y que queda justo, justo, a
la izquierda de la foto» ̶ le puntualicé.
«No, no, yo sé bien lo que
me digo» ̶ replicó
airado. «El cuento es que dos comerciantes de telas catalanes, que eran
hermanos, se casaron con dos zaragozanas y cada uno montó en la ciudad su
propio negocio. Uno era grandote y corpulento y llamó a su tienda “El Gran
Catalán”. El otro, más menudo y escuchimizado, la rotuló: “El Pequeño Catalán”,
haciendo gala ambos de su sentido del humor».
No pude evitar una carcajada, a
la vez que entendía por primera vez la razón del curioso nombre del negocio.
«¿Pero pusieron sus
comercios uno cerca del otro?» ̶ pregunté curioso.
«Así fue y, para que veas,
el Pequeño aguantó más que el Grande».
Suele pasar. Y si no, que le
pregunten a los Dinosaurios. Lo que no acabo de entender es qué significa eso
de ELLAS BAILAN SOLAS.
Nacho
de Zaragoza (España)
¿Será que en esa larga eternidad no hay nada que hacer? Vaya menudo cotilleo el de estos maños difuntos por un afiche colocado donde antes hubiese (para controversia súbita) dos negocios que pudieran llamar a confusión por sus nombres entre Pequeño y Grande.
Cierto que me hacen reír y me llevan de viaje a esos parajes
de una Zaragoza que de vez en cuando descubro cómo era gracias a sus peculiares
comentarios, a su corrección de datos y a algunas imágenes históricas que la
Inteligencia Artificial me está
devolviendo hasta con movimiento a inicios de cualquier siglo pasado. ¡Madre
mía, si que impacta e impone esta era tecnológica!
Pues no, nada de retornos al Caribe ni ausencia fotográfica.
Todo lo contrario. Lamento haberles creado esa impaciencia insustancial en
vuestro buzón cuántico. Lo cierto es que este fotógrafo cubano ha estado
ocupado, llenando y embelleciendo a Zaragoza de punta a rabo con más de 60
pancartas como esa que Uds. ven ahí, mostrando en ellas el infinito e
inagotable talento creativo en las artes de la mujer cubana. Una exposición
fotográfica colectiva de diferentes generaciones, diferentes manifestaciones
artísticas como la poesía, la escultura, la cerámica, el arte textil, la
pintura, el arte culinario, la fotografía; todo ello con disímiles estéticas,
discursos, soportes, en fin…una maravilla de obras convidando al hallazgo y el
deslumbramiento.
Esa que ven ahí, se llama “Vuelo bajo Cerrojo” y pertenece a
la autoría de Nora Menéndez; por cierto, una cubana radicada en Canarias. Y
aprovecho para decirles que entre las 60 artistas de esta exposición
itinerante, hay dos autoras que radican, como yo, en esta legendaria Zaragoza.
Y para terminar, a ese preguntón que no sabe por qué se
llama ELLAS BAILAN SOLAS, por lo mínimo le diré que significa la emancipación
indómita de la mujer en el siglo XXI, fuera de la subordinación machista a la
que históricamente han estado sometida. Bailan felices sin la necesidad de la
aprobación y el consentimiento masculino, en su pleno derecho a brillar por y
con su luz propia. ¿Te parece bien?




