sábado, 13 de junio de 2026

Aljafería

 


Últimamente parece que las fotos recibidas en este buzón nos llevan a mirar hacia el interior.

«A mí no me ha costado mucho identificar la localización de esta imagen.» ̶  le comenté a mi amigo Jesús, contemporáneo mío antes de traspasar el umbral. «En seguida me di cuenta de que ese era el pozo que hay en el interior de la Aljafería junto a la Torre del Trovador».

Él no pestañeo y, aunque sus ojos también se fijaban en la imagen, me pareció que no me hacía ni puto caso, porque de pronto se puso a cantar en italiano:

Ah!, si, ben mio, coll’essere io tuo, tua mia consorte,

avrò più l’alma intrépida, il braccio avrò più forte

«¿No sabía que conocieras la lengua del divino Dante?» ̶  le dije, sorprendido.

«¡Qué va! Lo que pasa es que cuando hablaste de la Torre del Trovador de la Aljafería, me vino enseguida la famosa aria de Il Trovattore de Verdi en la que Manrico declara su amor a Leonora. Seguro que algún guía turístico le fue también con ese cuento al fotógrafo cubano» ̶  me contestó.

«Pues te equivocas» ̶  repliqué, «porque ésta foto no nos la envió el de Bayamo, como acostumbra, sino la venezolana Oma».

«¡Basta ya de estupideces!» ̶  irrumpió Yusuf, que se nos había arrimado, tal vez atraído por el canturreo de Jesús y siempre dispuesto a reivindicar la importancia de los logros musulmanes. «Aquí lo importante es el propio palacio que construyeron los soberanos de la taifa Saraqustí en el siglo XI junto a esa torre que hoy llamáis del Trovador».

No le repliqué. Puede que tenga razón, pero a veces me cansa ese empeño que seguimos teniendo en reclamar un lugar en la historia. Y más ya muertos, cuando sabemos lo relativo que es todo. En fin, que prefiero hundirme en la fotografía a ver si llego hasta las capas freáticas del Ebro y me refresco.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Siempre me ha llamado la atención la costumbre de lanzar monedas a los pozos de agua, como si en ese pequeño gesto depositáramos nuestros deseos más profundos. Sin embargo, lo que realmente despertó mi asombro fue el pozo de la Aljafería: un pozo dentro del recinto, sin agua, y aun así lleno de monedas en el fondo.

Quizás eran monedas de distintos países, de diferentes valores, pero todas tenían algo en común: cada una representaba un deseo, una esperanza o un anhelo muy personal de quien la lanzó.

Y entonces pensé que tal vez deberíamos hacer el mismo ejercicio, pero mirando hacia nuestro interior. Buscar en el fondo de nuestra alma y descubrir que el éxito, la fortuna y la prosperidad que tanto anhelamos no están en el fondo de un pozo, sino dentro de nosotros mismos. Quizás aquello que simbolizamos con una moneda ya habita en nuestro interior, esperando ser encontrado.

 

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


viernes, 29 de mayo de 2026

Engracia

 


El fotógrafo Budy nos ha enviado al buzón digital esta imagen característica de la nocturnidad zaragozana, retratando un lugar preñado de historias milenarias.

«¡Y tanto!» ̶ exclama el luso Joao, que comparte conmigo su contemplación. «En mi época, allá por el XI, los que profesábamos la Fe de Cristo salíamos de la Medina musulmana por túneles bajo tierra para ir hasta allí a venerar los restos de nuestra compatriota Engracia y sus santos compañeros».

No sabía yo de esos túneles extramuros. Aunque sé muy bien que hay otra ciudad oculta bajo tierra. Las fotografías no nos revelan su existencia salvo que algún día, al excavar, salgan a la luz como aquellos sarcófagos del siglo IV a los que Aurelio Prudencio cantó así: DE DIEZ Y OCHO LAS CENIZAS GUARDA MARTIRES SACROS. EN LA MISMA URNA. FIEL NUESTRO PUEBLO: A ZARAGOZA ASISTE GLORIA TAN ALTA.

«¿Pero no vas a decir nada del Monasterio Jerónimo que hubo en ese lugar?» ̶  me interpela el monje Rafael, que vivió por allí en el XVIII.

«Bueno, sí,» ̶ respondí melancólico, «pero su desaparición en el XIX, me lleva de nuevo a pensar sobre la imposibilidad de fotografiar esa otra oscuridad que es la ausencia»

«Aunque tal vez,» ̶ replicó Rafael, «la portada de la Iglesia continúe narrando, como una buena foto, aquellas ausencias. De lo que seguro habla es de otra oscuridad, que no es ni de lo enterrado ni de lo ausente, sino de lo que nuestra ceguera no nos permite ver».

Volví a mirar aquella imagen del retablo renacentista que los Gil Morlanes esculpieron en el XVI, para intentar descubrir lo que me indicaba el monje y que tal vez el cubano también descubriera al fijar la instantánea con su cámara.

Nacho de Zaragoza (España)


El goce  que experimento con este blog de Zaragoza Cuántica se torna cada vez multiplicado hacia una inesperada  e impredecible  cantidad de sentimientos y emociones que me asaltan cuando aprecio que una foto mía, no solo moviliza la vida cultural, histórica e intelectual de un séquito de finados aragoneses y maños de pura cepa que pernoctan en estado sideral, sino, porque de algún modo creo que cuarenta años después de haberme graduado de Filología, estoy completando un módulo de Historia Universal que al parecer, me faltó en Cuba y que hoy, en pleno 2026 del siglo XXI, producto de esa incansable vocación mía de atrapar bellezas de cualquier morfología y contenido estético, descubra gracias al buen Nacho de Zaragoza, tantos recovecos vivenciales que se insertan, se entrelazan y se bifurcan con la suma de siglos transcurridos en esta milenaria ciudad.

He anotado una bella expresión poética que me cautivó: "esa oscuridad que es la ausencia". A ella yo le agregaría una que es más lapidaria: "esa oscuridad que es la desmemoria", ese modo en que por algún sesgo de impiedad, los humanos matan y olvidan la memoria de los hechos como si algunos acontecimientos no merecieran perpetuarse en la eternidad. Y eso colinda perfectamente con la frase de lo oscura que puede ser la ausencia, porque donde no queden evidencias de lo que antes hubo, ni siquiera en fotos, es polvo del viento. 

Pero yo, cual soñador, loco, etérico, epidérmico en la actualidad donde miro la vida desde un prisma con menos nivel de aprehensión, me declaro irreductiblemente enamorado de la belleza, por eso mi Ego se sorprendió con esta foto que no recordaba su momento de captura y a la cual, más allá de todos los datos que Nacho me aporta, le encuentro valores que van desde el ángulo de toma, su perspectiva, el balance de las luces y las sombras, el equilibrio de los contrastes y la majestuosidad del enclave religioso. Lástima que desde esa distancia focal no se aprecien los detalles de la fachada que los renacentistas Gil Morlanes (padre e hijo) dejaron para la historia. 

Intentaré no ser  presa  nunca de esa ceguera  que no nos permite ver. Yo, más que mirar, veo. Y con ello logro hacer fotos que luego cuelo sutilmente en ese buzón del Más Allá para provocar discusiones, refulcas y tonos alterados entre anti-vivientes que se creen tener la absoluta verdad, pero que "entre coles y lechugas" aprendo un montón de materias que me faltaron en seis años de carrera universitaria.


Budy de Bayamo (Cuba) 


viernes, 10 de abril de 2026

Aben Aire

 


Caminaba por las anchas calles de la eternidad cuando me topé con Yusuf, saraqustí del siglo XI.

«A ti quería ver yo» ̶  espetó sin saludar. «Me quedé con las ganas de comentar un par de cosas en el post anterior, ese que llamaste “Sirenas”».

 «¿Y qué cosas son esas?» ̶  le pregunté.

«En primer lugar que aquella imagen fue tomada en el que fue barrio bereber de Sinhâja, donde yo viví hasta que el rey cristiano Alfonso lo convirtió en el cuartel islámico de la Morería. El fotógrafo debió colocarse en la calle Azoque, que significa mercado en árabe» ̶  me largó de corrido.

«Pues dicho queda» ̶  convine, queriendo sin éxito finiquitar.

«Hay algo más que quisiera apuntar» ̶  insistió, agarrándome por el antebrazo. «Decirle al camarógrafo caribeño que “mejunje” también tiene su origen en el árabe hispánico».

Quise alejarme tras ese desahogo reivindicativo comprensible, pues todos tenemos nuestro corazoncito, aunque ya no lata. Pero lo pensé mejor y aproveché para enseñarle la foto que aquí traigo.

«¡Ah, ésta!» ̶ musitó, sin casi mirar la imagen. «Supongo que se la dedicarían a ese personaje porque está cerca de la Sudda (la Zuda)»

«¿Nada más? Pensé que me aportarías alguna información del tal Aben Aire»

«Si quieres información de ese tipo» ̶  exclamó, «busca en la Wikipedia, pero a mí déjame en paz».

¡Vaya! El bueno de Yusuf se debió levantar hoy con mal pie. Espero que su “mal aire” sea pasajero y no un signo de que las rencillas terrenales estén llegando también al ultramundo.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Verdad que da para risa las cosas que pasan en el ultramundo. Este "personero" de Nacho de Zaragoza (que en un principio hizo creer a la comunidad espiritual que al buzón del cielo estaban llegando fotos de un intruso fotógrafo cubano, cuando en verdad es él quien las hurta de mis redes sociales) resulta que ahora se me zumba con una historia, de esas que él suele dejar como adivinanzas o sortilegios para convidarme a una respuesta orgánica, anecdótica y cultural.

Si no lo digo yo, ¿sabes tú, lector de siglo XXI, quién fue Aben Aire? Si te fijas en mi foto, en el extremo izquierdo se aprecia una hilera de columnas. La foto la inspira una memoria cultural con mi país. El insigne premio Cervantes Alejo Carpentier, en su libro barroco La ciudad de las columnas, en franca devoción a La Habana, capital de Cuba, evoca y describe todas las influencias arquitectónicas que ha tenido morfológicamente la gran urbe, y entre ellas, inevitablemente, está la española unida a la musulmana. Y aquí me detengo, porque Nacho dice que el paseante Yusuf hace una leve defensa en "árabe hispánico", y eso -le pido- sea tema de un post futuro, ya que me recuerda esa conjunción idiomática de muchas deformaciones expresivas que tenemos a lo "castellano cubano" o "castellano caribeño".

Volviendo a la foto, yo solo miré las columnas, su alineación con esa envidiable perspectiva geométrica y disparé sin la menor atención en el nombre de la calle.

Pues sepa usted que el intrépido Yusuf no quiso decirles que Aben Aire fue un gobernador musulmán que tuvo Zaragoza en el año 918, siglo X, después de Jesucristo. Este señor, aprovechando la muralla romana, levantó el Torreón de la Zuda, edificio que sirvió de defensa para la ciudad por su posición estratégica en un sitio alto. Con el devenir del tiempo, la Zuda fue residencia de los reyes de taifa y propiedad de los reyes cristianos por los albores de 1118.

Y hablando de las deformaciones expresivas que tenemos algunos al centro de las Américas, una de ellas, cuando se quiere manifestar lo poco que  importa algo o alguien, se dice de un modo muy despectivo: "A mí, fulano de tal, me la suda"

¿Sabía eso el buen Yusuf que pide a gritos que lo dejen en paz?

 

Budy de Bayamo (Cuba)


miércoles, 25 de marzo de 2026

Sirenas

 


Hoy he montado una tertulia con mis amigos Ramiro, Sancho y Felipe. Los tres son zaragozanos, pero de siglos distintos: Ramiro del XVIII, Sancho del XIX y Felipe del XX.

Les enseño la foto adjunta que nos envió el cubano y en seguida Felipe reconoce un detalle. «Ahí veo los tubos de la sirena que avisaba del ataque de aviones enemigos en la Guerra Civil, aunque entonces estaba en el otro lado del edificio, junto al Coso»   ̶ exclama. «Un edificio» ̶ puntualiza Ramiro, «que ocupa el lugar donde estaba Palacio de los Condes de Fuentes. Allí conocí yo a los Pignatelli». «Y yo asistí en sus jardines a una fiesta que dio el General Suchet en 1811, cuando los franceses gobernaron Zaragoza» ̶  concluye Sancho.

¡Vaya, pues sí que fue relevante aquel lugar! Lo que no sabían mis amigos era que allí vivió de joven Francisco Urzaiz, sobrino de la Condesa de Fuentes, que junto a su esposa Leonor sufragaron la construcción de las torres del Pilar que dan al Ebro. Y por eso se llaman de San Francisco y de Santa Leonor.

«Supongo que te refieres a Leonor Sala, hija del alcalde de la ciudad cuando se derribó la Torre Nueva» ̶  apunta Felipe.

Pues sí. Parece que esto va de torres. Aunque también podría decirse que va de avisos sonoros ante el acecho del enemigo, porque la mentada Torre Nueva hacía sonar sus campanas a principios de XIX cuando las tropas napoleónicas atacaban la ciudad, cumpliendo la misma misión que las sirenas de la imagen.

Sancho asiente con su cabeza mientras Ramiro, con gesto intrigado, retoma la fotografía para mirarla de nuevo.

Nacho de Zaragoza (España)

 

En mi país hubieran dicho: "Vaya mejunje de datos"... conectados, entrelazados y bifurcados, todos a partir de esta foto que muestra la permanencia en el tiempo de esas sirenas del pasado siglo XX. Yo, que soy el peregrino recién llegado a la Cesaragusta de cualquier tiempo posterior al año cero, agradezco que estos ilustres difuntos desempolven sus memorias cósmicas y me ilustren el pasado que pervive de varias maneras.

En mi país nunca hubo una guerra a esos niveles de sonar la sirena anunciando la posibilidad de un ataque bélico o el cierre de la vida social a determinada hora. Toda sirena que suene está asociada siempre a una incidencia trágica, un pre anuncio de algo en franca emergencia o puede tener el uso teatral de llamada de atención.

El caso más épico es el regreso de Ulises a Ítaca donde es amarrado al mástil de su barca para que el canto seductor de las sirenas no lo saque de su empeñado retorno a casa. La delicia de ese canto deriva en locura.

El sonido de una sirena dentro de una ciudad o en un campo de concentración masiva es otro modo de insinuación al terror y la preocupación. Justo hoy las noticias en la tele, pasaban imágenes donde se escuchaba una sirena en el Medio Oriente, luego la bomba, la detonación y las cifras de muertos. Otro escenario diferente a mí foto, otro contexto, otra realidad actual. La escena sigue siendo la misma: Esta vida que habitamos.


Budy de Bayamo (Cuba)