domingo, 30 de noviembre de 2025

Caras

 



Me dio por contemplar al alimón estas dos fotografías. La primera, del cubano Budy; la segunda, de la venezolana Oma. Únicos autores, hasta el momento, que nos han hecho llegar sus imágenes.

Y no es extraño que ambas contengan tal profusión de caras humanas, pues los edificios a los que pertenecen datan de la misma fecha y, parece, que estaba de moda llenar las fachadas de rostros.

«Es cierto, Nacho, que por entonces era habitual poner caras de piedra en los edificios» ̶  me comenta Rafael, el criado de los Torrero, al que he convocado para que me comente las fotos. «Pero si me has llamado para que te diga a quiénes pertenecen, no soy yo la persona indicada. Ni soy ducho en prohombres ni en mitologías»

«No era esa mi intención, Rafael. Ya sé que a los Gigantes del portón de los Luna se les atribuye la representación de Hércules o Teseo (aunque algunos dicen que este último es Gerión) o que sobre el tímpano está el dios Helios. Y también sé quiénes dicen estar representados en la fachada de la Lonja» ̶  le respondí. «No, esa tarea se la dejo a historiadores, guías turísticos y wikipedias. De ti, que fuiste coetáneo de la construcción de esos edificios mediado el XVI, solo quería saber tu impresión ante tanta cara petrificada»

Rafael calló unos instantes. Luego dijo: «Nunca lo entendí»

Tal vez estos fotógrafos del siglo XXI lo entiendan, lo obvien o ya estén acostumbrados a tanta cara.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Mi primer deseo profesional -inconsciente- era hacerme arquitecto. No sólo porque podría darle rienda a una morfología imaginativa convertida en inmueble de uso social o particular; sino por lo alegóricas y simbólicas que pueden ser las formas que uno concibe y que sirve como otra forma de decir, un lenguaje desde la piedra tallada como son estos casos que el difunto del siglo XX nos convida a Oma y a mí a discurrir con estas fotografías que le han llegado a su buzón sideral.


Las miro y reflexiono: siempre he creído en los códigos esotéricos o profanos de los que la humanidad se ha valido para decir a través de diferentes formas. En aquellos tiempos que la mayoría de la población no sabía leer, estos rostros funcionaban como un libro abierto: ayudaban a comunicar ideas de protección, de poder o de fe. Se prestaban también para ahuyentar el mal y resguardar el edificio y a sus convivientes. Otros mostraban el estatus del propietario, ya fuera su linaje o su nivel de poder. Igual pueden verse como mensajes moralizadores y hasta atemorizantes, recordando a cualquier espectador de la vigilancia constante que tenemos de lo divino o la fragilidad de la que está hecha el ser humano. Me recuerdan el pórtico de una iglesia recién visitada en Calatayud, declarada Patrimonio de la Humanidad, donde en una columna aparece la ósea carabela, símbolo de la muerte; y frente a ella, en columna semejante y a la misma altura, el rostro de un niño como un ángel simboliza la vida.

En fin... que me ha gustado este post y lo he disfrutado a mares inimaginables.  Esas caras son, a la larga,  memoria esculpida, enigmas que sobrepasan al tiempo, miradas que nos llenan  de interrogantes necesarias de seguir despejando. Y por ahí vamos…


Budy de Bayamo (Cuba)

 

Sabrá Dios por qué tanta cara petrificada. Lo único que yo intuyo es que aún con el paso del tiempo, los cambios en las maneras de vivir y el desarrollo de nuevas tecnologías, la obsesión por las caras sigue viva. Y se siguen mostrando al mundo en cada era según la herramienta que tenemos disponible, en aquellos tiempo eran de piedra, hoy en día son fotografías digitales. Hemos creado espacios exclusivos para lucir y compartir nuestras mejores caras, no en vano una de las redes sociales más utilizadas en estos tiempos es el Facebook, que traducido al español significa Portada, Carátula o Fachada–, y como ésta algunas otras, todas para mostrarnos, ajustándonos a los estándares sociales de estos tiempos, evidenciando estatus, modos de vida, poder, belleza. La verdad, me parece que van de lo mismo.

Pero como dice el dicho: "caras vemos, corazones no sabemos"

De la misma manera pienso, que al ser virtuales casi todos los registros de esta época, es probable que las próximas generaciones en los siguientes siglos, no se tenga rastro nuestro como aquellas caras de piedra.

Oma de San Cristóbal (Venezuela)