Hoy he montado una tertulia con
mis amigos Ramiro, Sancho y Felipe. Los tres son zaragozanos, pero de siglos
distintos: Ramiro del XVIII, Sancho del XIX y Felipe del XX.
Les enseño la foto adjunta que
nos envió el cubano y en seguida Felipe reconoce un detalle. «Ahí veo los
tubos de la sirena que avisaba del ataque de aviones enemigos en la Guerra
Civil, aunque entonces estaba en el otro lado del edificio, junto al Coso» ̶
exclama. «Un edificio» ̶ puntualiza Ramiro, «que
ocupa el lugar donde estaba Palacio de los Condes de Fuentes. Allí conocí yo a
los Pignatelli». «Y yo asistí en sus jardines a una fiesta que dio el
General Suchet en 1811, cuando los franceses gobernaron Zaragoza» ̶ concluye Sancho.
¡Vaya, pues sí que fue relevante
aquel lugar! Lo que no sabían mis amigos era que allí vivió de joven Francisco
Urzaiz, sobrino de la Condesa de Fuentes, que junto a su esposa Leonor sufragaron
la construcción de las torres del Pilar que dan al Ebro. Y por eso se llaman de
San Francisco y de Santa Leonor.
«Supongo que te refieres a
Leonor Sala, hija del alcalde de la ciudad cuando se derribó la Torre
Nueva» ̶ apunta Felipe.
Pues sí. Parece que esto va de
torres. Aunque también podría decirse que va de avisos sonoros ante el acecho
del enemigo, porque la mentada Torre Nueva hacía sonar sus campanas a
principios de XIX cuando las tropas napoleónicas atacaban la ciudad, cumpliendo
la misma misión que las sirenas de la imagen.
Sancho asiente con su cabeza
mientras Ramiro, con gesto intrigado, retoma la fotografía para mirarla de
nuevo.
Nacho
de Zaragoza (España)
En mi país hubieran dicho: "Vaya mejunje de
datos"... conectados, entrelazados y bifurcados, todos a partir de esta
foto que muestra la permanencia en el tiempo de esas sirenas del pasado siglo
XX. Yo, que soy el peregrino recién llegado a la Cesaragusta de cualquier
tiempo posterior al año cero, agradezco que estos ilustres difuntos desempolven
sus memorias cósmicas y me ilustren el pasado que pervive de varias maneras.
En mi país nunca hubo una guerra a esos niveles de sonar la
sirena anunciando la posibilidad de un ataque bélico o el cierre de la vida
social a determinada hora. Toda sirena que suene está asociada siempre a una
incidencia trágica, un pre anuncio de algo en franca emergencia o puede tener
el uso teatral de llamada de atención.
El caso más épico es el regreso de Ulises a Ítaca donde es
amarrado al mástil de su barca para que el canto seductor de las sirenas no lo
saque de su empeñado retorno a casa. La delicia de ese canto deriva en locura.
El sonido de una sirena dentro de una ciudad o en un campo
de concentración masiva es otro modo de insinuación al terror y la
preocupación. Justo hoy las noticias en la tele, pasaban imágenes donde se
escuchaba una sirena en el Medio Oriente, luego la bomba, la detonación y las
cifras de muertos. Otro escenario diferente a mí foto, otro contexto, otra
realidad actual. La escena sigue siendo la misma: Esta vida que habitamos.
Budy de Bayamo (Cuba)
