El fotógrafo Budy nos ha enviado
al buzón digital esta imagen característica de la nocturnidad zaragozana,
retratando un lugar preñado de historias milenarias.
«¡Y tanto!» ̶ exclama el luso Joao, que
comparte conmigo su contemplación. «En mi época, allá por el XI, los que
profesábamos la Fe de Cristo salíamos de la Medina musulmana por túneles bajo
tierra para ir hasta allí a venerar los restos
«¿Pero no vas a decir nada
del Monasterio Jerónimo que hubo en ese lugar?» ̶ me interpela el monje Rafael, que vivió
por allí en el XVIII.
«Bueno, sí,» ̶
respondí melancólico, «pero su desaparición en el XIX, me lleva de nuevo
a pensar sobre la imposibilidad de fotografiar esa otra oscuridad que es la
ausencia»
«Aunque tal vez,»
̶ replicó Rafael, «la portada de la Iglesia continúe narrando, como
una buena foto, aquellas ausencias. De lo que seguro habla es de otra oscuridad,
que no es ni de lo enterrado ni de lo ausente, sino de lo que nuestra ceguera
no nos permite ver».
Volví a mirar aquella imagen del
retablo renacentista que los Gil Morlanes esculpieron en el XVI, para intentar
descubrir lo que me indicaba el monje y que tal vez el cubano también
descubriera al fijar la instantánea con su cámara.
Nacho de Zaragoza (España)
El goce que experimento con
este blog de Zaragoza Cuántica se torna cada vez multiplicado hacia una
inesperada e impredecible cantidad de sentimientos y emociones que
me asaltan cuando aprecio que una foto mía, no solo moviliza la vida cultural,
histórica e intelectual de un séquito de finados aragoneses y maños de pura
cepa que pernoctan en estado sideral, sino, porque de algún modo creo que
cuarenta años después de haberme graduado de Filología, estoy completando un
módulo de Historia Universal que al parecer, me faltó en Cuba y que hoy, en
pleno 2026 del siglo XXI, producto de esa incansable vocación mía de atrapar
bellezas de cualquier morfología y contenido estético, descubra gracias al buen
Nacho de Zaragoza, tantos recovecos vivenciales que se insertan, se entrelazan
y se bifurcan con la suma de siglos transcurridos en esta milenaria ciudad.
He anotado una bella expresión
poética que me cautivó: "esa oscuridad que es la
ausencia". A ella yo le agregaría una que es más lapidaria: "esa
oscuridad que es la desmemoria", ese modo en que por algún sesgo
de impiedad, los humanos matan y olvidan la memoria de los hechos como si
algunos acontecimientos no merecieran perpetuarse en la eternidad. Y eso
colinda perfectamente con la frase de lo oscura que puede ser la ausencia,
porque donde no queden evidencias de lo que antes hubo, ni siquiera en fotos,
es polvo del viento.
Pero yo, cual soñador, loco,
etérico, epidérmico en la actualidad donde miro la vida desde un prisma con
menos nivel de aprehensión, me declaro irreductiblemente enamorado de la
belleza, por eso mi Ego se sorprendió con esta foto que no recordaba su momento
de captura y a la cual, más allá de todos los datos que Nacho me aporta, le
encuentro valores que van desde el ángulo de toma, su perspectiva, el balance
de las luces y las sombras, el equilibrio de los contrastes y la majestuosidad
del enclave religioso. Lástima que desde esa distancia focal no se
aprecien los detalles de la fachada que los renacentistas Gil
Morlanes (padre e hijo) dejaron para la historia.
Intentaré no ser
presa nunca de esa ceguera que no nos permite ver. Yo,
más que mirar, veo. Y con ello logro hacer fotos que luego cuelo sutilmente en
ese buzón del Más Allá para provocar discusiones, refulcas y tonos
alterados entre anti-vivientes que se creen tener la absoluta
verdad, pero que "entre coles y lechugas" aprendo un montón de
materias que me faltaron en seis años de carrera universitaria.
Budy de Bayamo (Cuba)
