viernes, 29 de mayo de 2026

Engracia

 


El fotógrafo Budy nos ha enviado al buzón digital esta imagen característica de la nocturnidad zaragozana, retratando un lugar preñado de historias milenarias.

«¡Y tanto!» ̶ exclama el luso Joao, que comparte conmigo su contemplación. «En mi época, allá por el XI, los que profesábamos la Fe de Cristo salíamos de la Medina musulmana por túneles bajo tierra para ir hasta allí a venerar los restos de nuestra compatriota Engracia y sus santos compañeros».

No sabía yo de esos túneles extramuros. Aunque sé muy bien que hay otra ciudad oculta bajo tierra. Las fotografías no nos revelan su existencia salvo que algún día, al excavar, salgan a la luz como aquellos sarcófagos del siglo IV a los que Aurelio Prudencio cantó así: DE DIEZ Y OCHO LAS CENIZAS GUARDA MARTIRES SACROS. EN LA MISMA URNA. FIEL NUESTRO PUEBLO: A ZARAGOZA ASISTE GLORIA TAN ALTA.

«¿Pero no vas a decir nada del Monasterio Jerónimo que hubo en ese lugar?» ̶  me interpela el monje Rafael, que vivió por allí en el XVIII.

«Bueno, sí,» ̶ respondí melancólico, «pero su desaparición en el XIX, me lleva de nuevo a pensar sobre la imposibilidad de fotografiar esa otra oscuridad que es la ausencia»

«Aunque tal vez,» ̶ replicó Rafael, «la portada de la Iglesia continúe narrando, como una buena foto, aquellas ausencias. De lo que seguro habla es de otra oscuridad, que no es ni de lo enterrado ni de lo ausente, sino de lo que nuestra ceguera no nos permite ver».

Volví a mirar aquella imagen del retablo renacentista que los Gil Morlanes esculpieron en el XVI, para intentar descubrir lo que me indicaba el monje y que tal vez el cubano también descubriera al fijar la instantánea con su cámara.

Nacho de Zaragoza (España)


El goce  que experimento con este blog de Zaragoza Cuántica se torna cada vez multiplicado hacia una inesperada  e impredecible  cantidad de sentimientos y emociones que me asaltan cuando aprecio que una foto mía, no solo moviliza la vida cultural, histórica e intelectual de un séquito de finados aragoneses y maños de pura cepa que pernoctan en estado sideral, sino, porque de algún modo creo que cuarenta años después de haberme graduado de Filología, estoy completando un módulo de Historia Universal que al parecer, me faltó en Cuba y que hoy, en pleno 2026 del siglo XXI, producto de esa incansable vocación mía de atrapar bellezas de cualquier morfología y contenido estético, descubra gracias al buen Nacho de Zaragoza, tantos recovecos vivenciales que se insertan, se entrelazan y se bifurcan con la suma de siglos transcurridos en esta milenaria ciudad.

He anotado una bella expresión poética que me cautivó: "esa oscuridad que es la ausencia". A ella yo le agregaría una que es más lapidaria: "esa oscuridad que es la desmemoria", ese modo en que por algún sesgo de impiedad, los humanos matan y olvidan la memoria de los hechos como si algunos acontecimientos no merecieran perpetuarse en la eternidad. Y eso colinda perfectamente con la frase de lo oscura que puede ser la ausencia, porque donde no queden evidencias de lo que antes hubo, ni siquiera en fotos, es polvo del viento. 

Pero yo, cual soñador, loco, etérico, epidérmico en la actualidad donde miro la vida desde un prisma con menos nivel de aprehensión, me declaro irreductiblemente enamorado de la belleza, por eso mi Ego se sorprendió con esta foto que no recordaba su momento de captura y a la cual, más allá de todos los datos que Nacho me aporta, le encuentro valores que van desde el ángulo de toma, su perspectiva, el balance de las luces y las sombras, el equilibrio de los contrastes y la majestuosidad del enclave religioso. Lástima que desde esa distancia focal no se aprecien los detalles de la fachada que los renacentistas Gil Morlanes (padre e hijo) dejaron para la historia. 

Intentaré no ser  presa  nunca de esa ceguera  que no nos permite ver. Yo, más que mirar, veo. Y con ello logro hacer fotos que luego cuelo sutilmente en ese buzón del Más Allá para provocar discusiones, refulcas y tonos alterados entre anti-vivientes que se creen tener la absoluta verdad, pero que "entre coles y lechugas" aprendo un montón de materias que me faltaron en seis años de carrera universitaria.


Budy de Bayamo (Cuba)