lunes, 2 de junio de 2025

Santa Mónica


Algún agujero de seguridad debe de haber en el buzón electrónico de nuestra Asociación, cuando no solo se cuelan fotografías del tal Budy de Bayamo (Cuba) sino que también se nos ha entrometido ésta imagen crepuscular, remitida por una venezolana.

Enseguida reconocí la portada de la iglesia del convento de Santa Mónica, colindante con el que fue de San Agustín. «Y es que Santa Mónica era la madre de San Agustín» ̶  me susurra al oído la voz de Narciso Palomar «Conozco muy bien ese convento, no en vano estaba en la calle que portaba, y porta, el apellido de mi familia: Palomar».

Así es. Y también lo es que Don Narciso fuera el propietario de un castillo, ya desaparecido, construido en el XIX sobre una colina situada en las cercanías de la hoy Estación Zaragoza-Delicias. 


Al enseñarle la foto adjunta que lo retrata, me mira nostálgico y prosigue: «Volvamos a los conventos. El de San Agustín tuvo gran relevancia en la historia de la ciudad, y no porque el santo africano tuviera alguna conexión con nuestra urbe, sino porque aquel cenobio fue escenario principal en las batallas con las tropas de Napoleón»

«¡Quién dice que Agustín no tiene conexión con Caesar Augusta! ̶  vocea el exlegionario Caius, interrumpiendo nuestra plácida conversación. «Su propio nombre lo delata. Los Agustines o Augustines, cuyo apellido proviene del propio Augusto, poblaron la ciudad desde su fundación»

No le falta razón al romano. Incluso, andando el tiempo,  fue un Agustín quien construyó en el XVI el palacio que hoy se dice de Fuenclara. Pero yo también quiero volver a los conventos agustinos (ya no augustinos), para destacar la oportunidad de la fotógrafa al retratar un elemento de su patrimonio, ahora, en este tiempo en el que uno de los suyos ocupa por primera vez el primado de San Pedro.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Y yo, que vengo de tierras lejanas, del "nuevo mundo", donde las historias que conozco tienen una data mucho más reciente. Ahora que transito por las calles de esta ciudad de Zaragoza en pleno siglo XXI, no dejo de sorprenderme al ver las construcciones que se mantienen en pie desde hace tantos pero tantos años, que pertenecieron a sociedades de otros tiempos, a otras maneras de vivir, y que han estado allí "viendo pasar" generaciones tras generaciones. 

De solo pensarlo me abismo al imaginar la cantidad de personas, experiencias y circunstancias que han sucedido en frente de ellas, así como la mía, cuando caminando por la calle en busca de alguna dirección, de pronto me topé con la iglesia del convento de Santa Mónica, que se me apareció de frente como una postal, de esas que se regalan a los seres queridos para mostrarles los lugares bonitos que existen en otras tierras.

Y es así como esta edificación "me ve pasar", siendo yo de otro lugar, con otra cultura, en mis propias circunstancias de por estos tiempos, dejando registro fotográfico que se cuela por algún agujero de un buzón electrónico en particular.

 Oma de San Cristóbal (Venezuela)