sábado, 10 de mayo de 2025

Farolas

 


Comentaba yo esta imagen con la señá Micaela, propietaria que fue de la Cantina de la Puerta de Valencia allá por el XIX, y le decía: «No sé si llegó usted a conocer estas farolas alfonsinas de Averly».  

«Es posible» –me contestó, «y supongo que lo de alfonsinas se debe a que los de Averly quisieron hacer un homenaje a Don Alfonso XII, que tuvo el detalle de acercarse a su fundición cuando visitó Zaragoza».  

«¿Ah sí?» – repuse extrañado, «no pensaba yo que el sobrenombre de esas luminarias se referían al “Pacificador” sino a su antepasado en la corona el “Batallador”, por estar situadas en la calle Alfonso I, como la de la foto»

Micaela fijó la vista por unos instantes en la imagen antes de proseguir: «Ahora que lo dice señó Nacho, puede que esa sea la calle Alfonso. La abrieron en mi época y, aunque yo la transité poco, recuerdo esa marquesina como  la de la Joyería Aladrén». 

«Pues yo recuerdo que en ese local que usted menciona había un café» ̶  dije. «¿Cómo que un café?». «Sí» ̶  le respondí, «un establecimiento parecido al que usted regentaba en La Magdalena». Los ojos de Micaela se abrieron sin mesura mientras los labios me escupían a la cara su incredulidad con una única palabra: «¡Jesús!»

Tras limpiarme el rostro, repasé en mi memoria la cantidad de objetos metálicos que poblaron Zaragoza nacidos de la vieja fundición. No sé si el fotógrafo Budy habrá reparado en ellos en sus andanzas por la ciudad y si ésta le habrá sugerido la oportunidad de retratarlos. Tal vez futuras entregas nos lo revelen.

 

Nacho de Zaragoza (España)


No queda margen a la duda de que Cuba fue colonia de España durante muchos años y que como tal, en sus diferentes gobiernos o reinados imperando en la isla, se hizo notar la influencia de sus gustos y costumbres. Por eso, viajar a España y asentarme en Zaragoza, siempre me motivó a encontrar destellos de ese legado que los ibéricos fueron sembrando en diferentes escenarios de mi país.

Una cosa es lo que cuentan los historiadores y otra diferente la que uno palpa con sus ojos. Así vislumbré un día en la Cesaragusta moderna, esa hilera de luminarias que adornan la viabilidad de la calle Alfonso I, esa línea recta de luces a lo largo en ambas aceras que me llevan directo al Pilar o a la calle Coso (depende de si subo o bajo) y enseguida me vinieron como fogonazos, las luces que adornan al Prado de la Habana y otras calles de la bien conocida Habana Vieja.

No puedo precisar su año de instauración en Cuba ni el dato del fabricante, pero no me quedan dudas que, entre España y Francia del siglo XIX debe andar la influencia original. Dada mi fascinación por la fotografía, apenas vi las analogías en esa esbelta morfología metálica, no pude negarme al instinto básico de hacer clic en Zaragoza como mismo lo hice en la Habana. Y así, mirando y descubriendo los nexos subterráneos que todavía perviven a través del tiempo, ando yo "encandilado" por la vida, asistido de fantasmas que también tienen mucha Luz.


Budy de Bayamo (Cuba)