lunes, 28 de abril de 2025

Leones

 

Sorprendí a Miguel Donlope conversando con Rafael, el criado de los Torrero, en torno a esta fotografía: «Yo iba con mi padre cada año a la procesión del Corpus Christi, allá por el XVI, a ver  al león enjaulado, símbolo de nuestra querida ciudad, hasta que nos lo arrebató el rey castellano»  –comentaba Rafael. «Y antes de que lo enjaularan, vivía libre en el foso de la Aljafería. Recuerdo escaparme de casa de niño, junto a mi hermano Manuel para verlo de lejos» –asintió Miguel.

«Seguramente estos leones representan aquellos que comentáis» –les dije, sumándome a la charla, «los fundió en bronce el escultor Paco Rallo en el siglo XX y hay otros dos en el otro extremo del Puente de Piedra, allí donde señala la flecha, rematando el que fue viaducto romano»

«Bueno, más que viaducto, en origen fue acueducto» –interrumpió una voz a mi espalda. Era la de Egnatius, el delineante salduiense que dibujó la Centuriatio de la Colonia Caesar Augusta para los romanos en el siglo I a.c. «Los romanos decidieron abastecer la urbe con agua del Galicus y proyectaron unas tuberías que cruzaran el Iberus desde el punto más alto de su margen izquierda. Eso fundamentó la situación del puente y de la Colonia» –concluyó el ibero.

Algo escuché en mi época de estas palabras y también de las ruinas del Convento Mercedario de San Lázaro. Fijándome en la foto, reconocí obviamente la torre de Santa Leonor y no se me hicieron demasiado extraños ni el semáforo ni las farolas. Al fin y al cabo, soy del siglo XX. Pero lo que no logré identificar es eso de VMP.

 Nacho de Zaragoza (España)


Alguna vez dije que la culpable de que me guste tanto la ciudad de Zaragoza es justamente su Belleza. A ratos me encandilo fascinado por un detalle arquitectónico milenario o por la morfología de un edificio de arte post modernista. Andando sus calles, fui descubriendo elementos que me conectaban con mi entrañable tierra: negocios propios con alguna palabra muy cubana, calles y callejones llamándose Habana en el barrio La Jota, hasta motocicletas con pegatinas alusivas a la bandera cubana. Así llegué un día a los Leones que coronan los dos extremos del puente de piedra, obra del escultor Francisco Rallo y enseguida los asocié a los emblemáticos leones del Paseo del Prado en la capital cubana, que tienen una historia muy singular.

«Pues mire usted, señor Budy, que fue el Gobernador y Capitán General Felipe Fonst de la Viela y Ondiano quien se ganó la fama como el primer gran urbanista de la ciudad cuando en 1772 dio órdenes para iniciar el desarrollo de la avenida del Prado. Por cierto, ¿sabía usted que el Conde de la Torre, como también es conocido Felipe Fonst, nació en Zaragoza el 13 de Septiembre de 1725?

¿Le asombra tamaña coincidencia tratándose hoy el tema de leones? Lo que bien inició el Conde, luego, a través del tiempo y marcando importantes periodos de progreso en la Habana, lo continuaron Luis de las Casas y el Conde de Santa Clara, terminándolo el gobierno de Miguel de Tacón (1834-1838). Pero no fue inaugurado como Paseo hasta el 10 de Octubre de 1928 y dos meses después, el 1ro de enero de 1929 fueron colocados los 8 emblemáticos leones..., pero aquí es donde la historia se vuelve un enigma que aún nadie ha podido desentrañar. Mire usted, estimado fotógrafo, en 1925 arribó a la Habana, Forestier, jefe de jardines, paseos y parques de Paris, que es quien introdujo al Paseo la colocación de asientos de piedra y mármol, farolas con acabados artísticos, copas y ménsulas. Forestier encargó al también francés Jean Puiforcat, la elaboración de los Leones, pero éste importante artista no cubrió las expectativas y el encargo cayó en manos del autodidacta cubano Emilio Vizcón Hernández que realizó el primero de los Leones con sobrado talento y éxito, utilizando el cobre de los cañones de algunas fortalezas coloniales que protegían la boca de la bahía de la Habana. La obra tuvo un impacto tal, que Vizcón Hernández se acreditó una semana de descanso junto a sus compañeros de fundición, hecho que desagradó al jefe de Obras Públicas, despidiendo a Vizcón de tan importante encomienda, pero el reconocido fundidor tenía compromisos de trabajo en Estados Unidos y partió sin importarle el destino del resto de los Leones. La lógica deduce que para poder terminar la misión, usaron el mismo diseño empleado por Vizcón, pero roto el molde de yeso del primero, no se sabe cómo y quién logró realizar los otros siete leones que coronan las entradas y entre calles del famoso Paseo del Prado»

Así me vino de golpe la voz de Don Eusebio Leal Splenger, finado historiador de la ciudad de la Habana, mientras parado bajo los Leones del Puente de Piedra de la hermosa Zaragoza, tomaba algunas fotos a estos impresionantes felinos que en franca posición altiva parecen custodiar a la ciudad de cualquier intruso que ose sitiarla.

Budy de Bayamo (Cuba)