Reconozco en esta instantánea, firmada por un tal Budy de Bayamo
(Cuba), a los cofrades del Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra
Señora procesionando por la calle de la Manifestación y portando una cruz
con el Crismón o Monograma de Cristo.
Y no es extraño que un cubano la tomara justo en ese lugar,
porque allí vivió José Martí. De hecho, cuando enseño esta foto a Pablo
Gonzalvo, pintor zaragozano del siglo XIX, me lo confirma: «Muchas fueron las
noches en las que acompañé a José a esa casa, tras pasar la tarde en mi
estudio»
«¡Esa calle no era otra que el mismísimo Decumano!» –tercia Caius, exlegionario romano, siempre al quite cuando de Caesaraugusta se habla– «Yo pasaba por allí cada amanecer para hacer guardia en la Porta Prima».
«Pues yo lo hacía en sentido contrario, para salir por la Bâb al-Qala’a camino del Castillo» –comenta Yusuf, un vecino de la Saraqusta del siglo XI que acababa de unirse al grupo.
«Por esa puerta que
comentas» –le interrumpe Miguel Donlope– «yo mismo vi salir al Justicia, Juan
de Lanuza el Joven, cuando lo llevaron al cadalso en un aciago diciembre de
1591»
El corrillo cada vez se hace más grande y, antes de que se
desmande, intervengo para zanjar la charla: «En realidad, yo, lo que más
recuerdo de aquel sitio cuando viví en la ciudad a finales del siglo XX, es el
sabor de los torreznos sorianos del Bar El Picadillo»
Nacho de Zaragoza
(España)
Por un momento pensé ir al Otorrino, me zumbaban los oídos, pero deduje que era porque “alguien” estaría hablando de mí. Suelo a veces sentirme acompañado por fantasmas, casi todos enterrados en Cuba, mi país natal, pero hace unos minutos caminando por la calle Manifestación, aquí en Zaragoza, cerca del número 13, me entró un aliento de inquietud en el alma y me pareció escuchar la voz del apóstol crístico de mi isla bella, el gran patriota José Martí.
No entendí a quién le hablaba, si a mí o a seres muertos de su época o vaya Dios a saber quién sabe, lo cierto es que recuerdo textualmente esa grave voz diciéndome: «Mi nostalgia de ese sitio me remonta a la mocedad de mis 18 años cuando pernoctaba en esa urbe aragonesa y desde allí pensaba en la libertad de mi isla, me acompañaba mi gran amigo Fermín Valdés y para entonces el corazón se me abrió por primera vez desbordado de amor por una bella muchacha llamada Blanca Montalvo»
Fue así, un lamparazo,
un destello súbito que me sobrecogió y la verdad es que ahora ando medio
confundido. No sé si lo soñé, si lo presentí, si lo leí en algún blog o si me
lo inventé…Bueno, mejor sigo tomando fotos por toda Zaragoza que eso es lo que
más me gusta a mí.
Budy de Bayamo (Cuba)
