sábado, 13 de septiembre de 2025

Sas / 2


 

Aunque no se vea en la imagen, por debajo de la cruz pasa un río en silencio (la Virgen está dormida). Quiero decir que esa cruz se sitúa sobre un tajamar del Puente de Piedra, lugar favorito de los turistas para hacer fotografías.

«¿Turistas?» ̶  me mira con extrañeza el legionario romano Caius. «¿Qué es eso»

Como no le respondo, sigue con su cuento:

«¿Y esa cruz, tú sabes a qué viene?»

 «Es un memorial que recuerda a tres héroes de la guerra de la Independencia, uno de ellos el presbítero Sas» ̶  le respondo.

«¿Qué es un presbítero?»

Desisto de contestarle. El simplón de Caius no ha seguido la actualidad en estos últimos dos mil años y hay que explicarle todo. Menos mal que se ha acercado Bernardo, que vivió aquella guerra de principios del XIX y  seguro me aporta algún dato.

«Es cierto, Nacho» ̶  empieza comentando Bernardo, «el pobre Santiago Sas y el Padre Boggiero fueron asesinados a bayonetazos sobre ese puente tras la rendición de Zaragoza a los franceses»

«Pero creo que la cruz recuerda a tres personas» ̶  le puntualizo.

«Sí. El otro era José María Joaquín Vicente de L’ Hotellerie de Fallois y Fernández de Heredia, Barón de Warsage, un curioso personaje nacido en Calatayud pero de origen flamenco, que también murió sobre el puente, aunque éste en plena refriega»

Entretenido con esta historia, casi se me olvida comentar ese otro elemento que aparece en la fotografía, ese edificio con múltiples torres que suele asociarse a la imagen de la ciudad. Un edificio singular. O no tanto, porque las dimensiones de su planta son exactas a las del templo de Artemisa (diosa virgen y madre) en Éfeso, una de las siete maravillas de la antigüedad.

Es curioso que la Virgen María, dice la tradición, tras visitar las orillas del Ebro, viajara hasta Éfeso para tener allí su última morada en la tierra. Tendré que hablar con algún asociado de la época romana más culto que Caius a ver si me da alguna pista.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Siempre termino seducido por determinada belleza y por lo que muchas veces entraña como misterio, como magia un enigma al que nunca le he buscado respuestas. 

 No siempre es el fotógrafo quien ve la foto. Ella siempre ha estado ahí esperando que te dignes en descubrirla (si de verdad te consideras un fotógrafo de marras), hasta el día que te sale al paso y se crea esa sutil complicidad llena de coquetería, con un poder de imantación irresistible (como suele suceder a veces entre un hombre y una mujer que se cruzan miradas) y en cuestión de segundos, tú que andas levitando de amor por la ciudad elegida para tus años de vida, te percatas que todo parece perfecto: la luz, el color, la temperatura ambiente, la posición del sol, el ángulo, la perspectiva, la ubicación de los sujetos, la proyección con fuerza visual...y sin pensarlo mucho - porque ya estás definitivamente atrapado por ella; es la foto quién te está somatizando- haces el clic de la perpetuidad sin darte cuenta que debiste agacharte más y tomar la cruz a tamaño completo, pero a esa hora mágica te olvidas de las reglas de los tercios, de la composición perfecta, del encuadre idóneo, te olvidas de todo porque es la belleza quien te ha hecho la foto a ti, dejándote suspendido en un solo clic como suele hacer siempre la fuerza de un beso. Un beso que suena así...

 Budy de Bayamo (Cuba)