sábado, 31 de octubre de 2026

Mercado Central

 


Empezaba a echarse de menos en torno al buzón ultramundano el arribo de una nueva fotografía desde la Zaragoza viviente. Tanto es así, que yo llegué a sospechar que los fotógrafos caribeños habían vuelto a sus patrias. Por eso, cuando apareció esta imagen en nuestra bandeja de entrada, creí que era de Cuba.

«¡Pero no ves al fondo el Mercado Central!» ̶  me indicó Fermín, contemporáneo mío en el siglo XX. «A ti lo que te ha despistado es la cantidad de carteles».

 « Puede ser. Y también este afiche en primer plano que menciona a Cuba.» ̶  repuse pensativo.

Como la eternidad a veces se hace larga, la aparición anhelada de otra instantánea había congregado alrededor de la foto a varios “asociados” con ganas de meter baza. Uno de ellos, el locuaz Cayetano, aprovechó mi silencio para intervenir:

«Recuerdo que muy cerca de ahí estaba a finales del XIX la tienda de telas “El Gran Catalán”» ̶  dijo, señalando un punto de la imagen.

«Querrás decir “El Pequeño Catalán”, comercio que, por cierto, todavía perdura y que queda justo, justo, a la izquierda de la foto» ̶  le puntualicé.

«No, no, yo sé bien lo que me digo» ̶  replicó airado. «El cuento es que dos comerciantes de telas catalanes, que eran hermanos, se casaron con dos zaragozanas y cada uno montó en la ciudad su propio negocio. Uno era grandote y corpulento y llamó a su tienda “El Gran Catalán”. El otro, más menudo y escuchimizado, la rotuló: “El Pequeño Catalán”, haciendo gala ambos de su sentido del humor».

No pude evitar una carcajada, a la vez que entendía por primera vez la razón del curioso nombre del negocio.

«¿Pero pusieron sus comercios uno cerca del otro?» ̶  pregunté curioso.

«Así fue y, para que veas, el Pequeño aguantó más que el Grande».

Suele pasar. Y si no, que le pregunten a los Dinosaurios. Lo que no acabo de entender es qué significa eso de ELLAS BAILAN SOLAS. 

Nacho de Zaragoza (España)

 

¿Será que en esa larga eternidad no hay nada que hacer? Vaya menudo cotilleo el de estos maños difuntos por un afiche colocado donde antes hubiese (para controversia súbita) dos negocios que pudieran llamar a confusión por sus nombres entre Pequeño y Grande.

Cierto que me hacen reír y me llevan de viaje a esos parajes de una Zaragoza que de vez en cuando descubro cómo era gracias a sus peculiares comentarios, a su corrección de datos y a algunas imágenes históricas que la Inteligencia  Artificial me está devolviendo hasta con movimiento a inicios de cualquier siglo pasado. ¡Madre mía, si que impacta e impone esta era tecnológica!

Pues no, nada de retornos al Caribe ni ausencia fotográfica. Todo lo contrario. Lamento haberles creado esa impaciencia insustancial en vuestro buzón cuántico. Lo cierto es que este fotógrafo cubano ha estado ocupado, llenando y embelleciendo a Zaragoza de punta a rabo con más de 60 pancartas como esa que Uds. ven ahí, mostrando en ellas el infinito e inagotable talento creativo en las artes de la mujer cubana. Una exposición fotográfica colectiva de diferentes generaciones, diferentes manifestaciones artísticas como la poesía, la escultura, la cerámica, el arte textil, la pintura, el arte culinario, la fotografía; todo ello con disímiles estéticas, discursos, soportes, en fin…una maravilla de obras convidando al hallazgo y el deslumbramiento.

Esa que ven ahí, se llama “Vuelo bajo Cerrojo” y pertenece a la autoría de Nora Menéndez; por cierto, una cubana radicada en Canarias. Y aprovecho para decirles que entre las 60 artistas de esta exposición itinerante, hay dos autoras que radican, como yo, en esta legendaria Zaragoza.

Y para terminar, a ese preguntón que no sabe por qué se llama ELLAS BAILAN SOLAS, por lo mínimo le diré que significa la emancipación indómita de la mujer en el siglo XXI, fuera de la subordinación machista a la que históricamente han estado sometida. Bailan felices sin la necesidad de la aprobación y el consentimiento masculino, en su pleno derecho a brillar por y con su luz propia. ¿Te parece bien?

Budy de Bayamo (Cuba)

viernes, 7 de agosto de 2026

Sitios


Recuerdo una canción del siglo XX que decía: “Bares ¡qué lugares! tan gratos para conversar”, y no puedo dejar de pensar en la cantidad de lugares, o sitios, gratos que tiene Zaragoza. Quizás de ahí viene el nombre de ese monumento a los Sitios zaragozanos de la foto, ubicado en su homónima plaza.

«¡Pero qué dices, majadero!» ̶  interrumpe mis cábalas la Condesa de Bureta, heroína de los Sitios, de aquellos a los que de verdad se refiere el monumento. «¿O es que todavía estás borracho de tus visitas a esos bares?» ̶ continúa imprecándome, «¡Has de saber que los zaragozanos defendimos con bravura la ciudad sitiada por el poderoso ejército de Napoleón!».

«No, si eso ya lo sé» ̶  me defiendo. «Y sé que también nos sitiaron los ejércitos de Childeberto en el siglo VI, de Carlomagno en el VIII o de Abderraman en el X. Yo solo pretendía hacer una asociación de palabras, como hacía mi madre cuando decía que Zaragoza es la ciudad de los sitios».

Ni me respondió la señora. Hizo girar sobre sus pies la aristocrática y heroica figura que se trajo del XIX y me dejó solo con mis asociaciones.

En ese estado, me vino a la mente otra figura, la del autor de la foto. A ese sí que le gustan las asociaciones y disociaciones lingüísticas. Le hablas de ‘peras’ y te contesta con ‘manzanas’ ¡A ver por dónde nos sale esta vez! ¡Con qué cuento nos responde!

Nacho de Zaragoza (España)


Menuda provocación me incita

el maño que doy por muerto

que no por muerto me atrevo

hablar con rima y lo convenzo 

que a buen cubano letrado

en asuntos pronunciados

la historia le viene arriba

no importa si es en los Sitios

o en sus alrededores con bares 

importa que dos juglares

de milenios diferentes

tozudos y cabezones

se den con la nariz en la frente 

escribiendo a contracorriente

lo que uno espera del otro

las cosas que no son polvo

sino importantes datos de historia 

que en esta foto no hay derrota

sino toda una proclama

de aquel campo de batalla

frente a las huestes napoleónicas 

una mujer alza la bandera

empina el pecho y grita

por Zaragoza mi sangre

por Zaragoza mi vida.

Y así voy dejando al maño 

con su escuálido tamaño

estos versos mal rimados

desafiando su destreza

de contar buenas historias 

con increíble belleza. 

 

Budy de Bayamo (Cuba)


domingo, 12 de julio de 2026

Lanuza


 

Comento esta foto con Garcí Ximénez, legendario primer Rey de Aragón , allá por el siglo VIII.

«Muchos dicen de ti que eres solo una leyenda» ̶  le digo.

«Pues no,» ̶  me contesta, «en el mismísimo lugar de San Juan de la Peña me aclamaron como Rey, tras la conquista de Aínsa a los moros, y allí juré los Fueros de Sobrarbe».

«¿Entonces es cierto lo que se dice en Aragón que “antes leyes que reyes”?» ̶  le pregunto.

«Así era en un principio. Y para defenderlo se establecía en los Fueros el cargo de “juez medio”, del que proviene la figura de “El Justiziazgo”, uno de cuyos representantes, Juan de Lanuza el Mozo, está inmortalizado en el monumento que muestra la imagen» ̶  me explica Garcí Ximénez.

«Doy  fe de lo que dice este hombre» ̶  nos interrumpe el pintor del XIX, Pablo Gonzalvo. «Mi amigo José Martí pudo comprobar in situ el recelo de los aragoneses ante el poder absoluto que no respeta las leyes que el pueblo se ha dado. De ahí esos versos que escribió en Zaragoza:»

“Estimo a quien de un revés
echa por tierra a un tirano:
lo estimo, si es un cubano;
lo estimo, si aragonés.

Seguro que esta referencia al prohombre cubano habrá removido el alma del retratista caribeño y tal vez le motive a volver a visitar el monumento para leer el mismísimo texto de los Fueros de Sobrarbe que viven allí inscritos en piedra.

Y si alza la vista, o es capaz de mirar a vuelo de dron, quizás pueda también conocer la leyenda que aparece en el ecuador de la esfera pétrea que corona el conjunto escultórico.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Había algo raro en ese día de diciembre. Las temperaturas estaban por debajo de 10 grados pero algo en mí, emitía una corriente sutil que más allá de darle calor a mí cuerpo, producía la sensación de un hormigueo desesperante alrededor de mi cuello. Llevo en el alma 400 años de sentimiento por la cometida de una arbitrariedad sin precedentes; el hombre que no tuvo pelos en la lengua allá en el siglo XVI y fue decapitado en la plaza donde ahora ocupa parte de su espacio el Mercado Central de Zaragoza. Se llamaba Juan de Lanuza y Urrea, y lo he pensado mucho mientras pulía la piedra. 

Me ha tocado como grabador, escultor y dibujante, tallar las palabras, los escudos y los ribetes de esta inmensa placa de mármol. Y aquí estamos ahora, en digno homenaje a su nombre, gritando desde una fervorosa impotencia lo que la lápida deja a la vista de todos. 

Discurro la imagen de Felipe II que sin juicio previo ordenó la decapitación del justo defensor de derechos y dignidades, y otra vez me viene el hormigueo alrededor del cuello y es como sentir el filo abyecto de la guillotina en su mordaz corte, callando de un tajo la muchedumbre enardecida que ha venido a proclamar justicia por EL JUSTICIA.

Es raro este asunto de los pensamientos, la imaginación, la historia y los protagonismos. ¿Será por eso que mi madre decidió llamarme Juan? 

 Budy de Bayamo (Cuba)


sábado, 13 de junio de 2026

Aljafería

 


Últimamente parece que las fotos recibidas en este buzón nos llevan a mirar hacia el interior.

«A mí no me ha costado mucho identificar la localización de esta imagen.» ̶  le comenté a mi amigo Jesús, contemporáneo mío antes de traspasar el umbral. «En seguida me di cuenta de que ese era el pozo que hay en el interior de la Aljafería junto a la Torre del Trovador».

Él no pestañeo y, aunque sus ojos también se fijaban en la imagen, me pareció que no me hacía ni puto caso, porque de pronto se puso a cantar en italiano:

Ah!, si, ben mio, coll’essere io tuo, tua mia consorte,

avrò più l’alma intrépida, il braccio avrò più forte

«¿No sabía que conocieras la lengua del divino Dante?» ̶  le dije, sorprendido.

«¡Qué va! Lo que pasa es que cuando hablaste de la Torre del Trovador de la Aljafería, me vino enseguida la famosa aria de Il Trovattore de Verdi en la que Manrico declara su amor a Leonora. Seguro que algún guía turístico le fue también con ese cuento al fotógrafo cubano» ̶  me contestó.

«Pues te equivocas» ̶  repliqué, «porque ésta foto no nos la envió el de Bayamo, como acostumbra, sino la venezolana Oma».

«¡Basta ya de estupideces!» ̶  irrumpió Yusuf, que se nos había arrimado, tal vez atraído por el canturreo de Jesús y siempre dispuesto a reivindicar la importancia de los logros musulmanes. «Aquí lo importante es el propio palacio que construyeron los soberanos de la taifa Saraqustí en el siglo XI junto a esa torre que hoy llamáis del Trovador».

No le repliqué. Puede que tenga razón, pero a veces me cansa ese empeño que seguimos teniendo en reclamar un lugar en la historia. Y más ya muertos, cuando sabemos lo relativo que es todo. En fin, que prefiero hundirme en la fotografía a ver si llego hasta las capas freáticas del Ebro y me refresco.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Siempre me ha llamado la atención la costumbre de lanzar monedas a los pozos de agua, como si en ese pequeño gesto depositáramos nuestros deseos más profundos. Sin embargo, lo que realmente despertó mi asombro fue el pozo de la Aljafería: un pozo dentro del recinto, sin agua, y aun así lleno de monedas en el fondo.

Quizás eran monedas de distintos países, de diferentes valores, pero todas tenían algo en común: cada una representaba un deseo, una esperanza o un anhelo muy personal de quien la lanzó.

Y entonces pensé que tal vez deberíamos hacer el mismo ejercicio, pero mirando hacia nuestro interior. Buscar en el fondo de nuestra alma y descubrir que el éxito, la fortuna y la prosperidad que tanto anhelamos no están en el fondo de un pozo, sino dentro de nosotros mismos. Quizás aquello que simbolizamos con una moneda ya habita en nuestro interior, esperando ser encontrado.

 

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


viernes, 29 de mayo de 2026

Engracia

 


El fotógrafo Budy nos ha enviado al buzón digital esta imagen característica de la nocturnidad zaragozana, retratando un lugar preñado de historias milenarias.

«¡Y tanto!» ̶ exclama el luso Joao, que comparte conmigo su contemplación. «En mi época, allá por el XI, los que profesábamos la Fe de Cristo salíamos de la Medina musulmana por túneles bajo tierra para ir hasta allí a venerar los restos de nuestra compatriota Engracia y sus santos compañeros».

No sabía yo de esos túneles extramuros. Aunque sé muy bien que hay otra ciudad oculta bajo tierra. Las fotografías no nos revelan su existencia salvo que algún día, al excavar, salgan a la luz como aquellos sarcófagos del siglo IV a los que Aurelio Prudencio cantó así: DE DIEZ Y OCHO LAS CENIZAS GUARDA MARTIRES SACROS. EN LA MISMA URNA. FIEL NUESTRO PUEBLO: A ZARAGOZA ASISTE GLORIA TAN ALTA.

«¿Pero no vas a decir nada del Monasterio Jerónimo que hubo en ese lugar?» ̶  me interpela el monje Rafael, que vivió por allí en el XVIII.

«Bueno, sí,» ̶ respondí melancólico, «pero su desaparición en el XIX, me lleva de nuevo a pensar sobre la imposibilidad de fotografiar esa otra oscuridad que es la ausencia»

«Aunque tal vez,» ̶ replicó Rafael, «la portada de la Iglesia continúe narrando, como una buena foto, aquellas ausencias. De lo que seguro habla es de otra oscuridad, que no es ni de lo enterrado ni de lo ausente, sino de lo que nuestra ceguera no nos permite ver».

Volví a mirar aquella imagen del retablo renacentista que los Gil Morlanes esculpieron en el XVI, para intentar descubrir lo que me indicaba el monje y que tal vez el cubano también descubriera al fijar la instantánea con su cámara.

Nacho de Zaragoza (España)


El goce  que experimento con este blog de Zaragoza Cuántica se torna cada vez multiplicado hacia una inesperada  e impredecible  cantidad de sentimientos y emociones que me asaltan cuando aprecio que una foto mía, no solo moviliza la vida cultural, histórica e intelectual de un séquito de finados aragoneses y maños de pura cepa que pernoctan en estado sideral, sino, porque de algún modo creo que cuarenta años después de haberme graduado de Filología, estoy completando un módulo de Historia Universal que al parecer, me faltó en Cuba y que hoy, en pleno 2026 del siglo XXI, producto de esa incansable vocación mía de atrapar bellezas de cualquier morfología y contenido estético, descubra gracias al buen Nacho de Zaragoza, tantos recovecos vivenciales que se insertan, se entrelazan y se bifurcan con la suma de siglos transcurridos en esta milenaria ciudad.

He anotado una bella expresión poética que me cautivó: "esa oscuridad que es la ausencia". A ella yo le agregaría una que es más lapidaria: "esa oscuridad que es la desmemoria", ese modo en que por algún sesgo de impiedad, los humanos matan y olvidan la memoria de los hechos como si algunos acontecimientos no merecieran perpetuarse en la eternidad. Y eso colinda perfectamente con la frase de lo oscura que puede ser la ausencia, porque donde no queden evidencias de lo que antes hubo, ni siquiera en fotos, es polvo del viento. 

Pero yo, cual soñador, loco, etérico, epidérmico en la actualidad donde miro la vida desde un prisma con menos nivel de aprehensión, me declaro irreductiblemente enamorado de la belleza, por eso mi Ego se sorprendió con esta foto que no recordaba su momento de captura y a la cual, más allá de todos los datos que Nacho me aporta, le encuentro valores que van desde el ángulo de toma, su perspectiva, el balance de las luces y las sombras, el equilibrio de los contrastes y la majestuosidad del enclave religioso. Lástima que desde esa distancia focal no se aprecien los detalles de la fachada que los renacentistas Gil Morlanes (padre e hijo) dejaron para la historia. 

Intentaré no ser  presa  nunca de esa ceguera  que no nos permite ver. Yo, más que mirar, veo. Y con ello logro hacer fotos que luego cuelo sutilmente en ese buzón del Más Allá para provocar discusiones, refulcas y tonos alterados entre anti-vivientes que se creen tener la absoluta verdad, pero que "entre coles y lechugas" aprendo un montón de materias que me faltaron en seis años de carrera universitaria.


Budy de Bayamo (Cuba) 


viernes, 10 de abril de 2026

Aben Aire

 


Caminaba por las anchas calles de la eternidad cuando me topé con Yusuf, saraqustí del siglo XI.

«A ti quería ver yo» ̶  espetó sin saludar. «Me quedé con las ganas de comentar un par de cosas en el post anterior, ese que llamaste “Sirenas”».

 «¿Y qué cosas son esas?» ̶  le pregunté.

«En primer lugar que aquella imagen fue tomada en el que fue barrio bereber de Sinhâja, donde yo viví hasta que el rey cristiano Alfonso lo convirtió en el cuartel islámico de la Morería. El fotógrafo debió colocarse en la calle Azoque, que significa mercado en árabe» ̶  me largó de corrido.

«Pues dicho queda» ̶  convine, queriendo sin éxito finiquitar.

«Hay algo más que quisiera apuntar» ̶  insistió, agarrándome por el antebrazo. «Decirle al camarógrafo caribeño que “mejunje” también tiene su origen en el árabe hispánico».

Quise alejarme tras ese desahogo reivindicativo comprensible, pues todos tenemos nuestro corazoncito, aunque ya no lata. Pero lo pensé mejor y aproveché para enseñarle la foto que aquí traigo.

«¡Ah, ésta!» ̶ musitó, sin casi mirar la imagen. «Supongo que se la dedicarían a ese personaje porque está cerca de la Sudda (la Zuda)»

«¿Nada más? Pensé que me aportarías alguna información del tal Aben Aire»

«Si quieres información de ese tipo» ̶  exclamó, «busca en la Wikipedia, pero a mí déjame en paz».

¡Vaya! El bueno de Yusuf se debió levantar hoy con mal pie. Espero que su “mal aire” sea pasajero y no un signo de que las rencillas terrenales estén llegando también al ultramundo.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Verdad que da para risa las cosas que pasan en el ultramundo. Este "personero" de Nacho de Zaragoza (que en un principio hizo creer a la comunidad espiritual que al buzón del cielo estaban llegando fotos de un intruso fotógrafo cubano, cuando en verdad es él quien las hurta de mis redes sociales) resulta que ahora se me zumba con una historia, de esas que él suele dejar como adivinanzas o sortilegios para convidarme a una respuesta orgánica, anecdótica y cultural.

Si no lo digo yo, ¿sabes tú, lector de siglo XXI, quién fue Aben Aire? Si te fijas en mi foto, en el extremo izquierdo se aprecia una hilera de columnas. La foto la inspira una memoria cultural con mi país. El insigne premio Cervantes Alejo Carpentier, en su libro barroco La ciudad de las columnas, en franca devoción a La Habana, capital de Cuba, evoca y describe todas las influencias arquitectónicas que ha tenido morfológicamente la gran urbe, y entre ellas, inevitablemente, está la española unida a la musulmana. Y aquí me detengo, porque Nacho dice que el paseante Yusuf hace una leve defensa en "árabe hispánico", y eso -le pido- sea tema de un post futuro, ya que me recuerda esa conjunción idiomática de muchas deformaciones expresivas que tenemos a lo "castellano cubano" o "castellano caribeño".

Volviendo a la foto, yo solo miré las columnas, su alineación con esa envidiable perspectiva geométrica y disparé sin la menor atención en el nombre de la calle.

Pues sepa usted que el intrépido Yusuf no quiso decirles que Aben Aire fue un gobernador musulmán que tuvo Zaragoza en el año 918, siglo X, después de Jesucristo. Este señor, aprovechando la muralla romana, levantó el Torreón de la Zuda, edificio que sirvió de defensa para la ciudad por su posición estratégica en un sitio alto. Con el devenir del tiempo, la Zuda fue residencia de los reyes de taifa y propiedad de los reyes cristianos por los albores de 1118.

Y hablando de las deformaciones expresivas que tenemos algunos al centro de las Américas, una de ellas, cuando se quiere manifestar lo poco que  importa algo o alguien, se dice de un modo muy despectivo: "A mí, fulano de tal, me la suda"

¿Sabía eso el buen Yusuf que pide a gritos que lo dejen en paz?

 

Budy de Bayamo (Cuba)


miércoles, 25 de marzo de 2026

Sirenas

 


Hoy he montado una tertulia con mis amigos Ramiro, Sancho y Felipe. Los tres son zaragozanos, pero de siglos distintos: Ramiro del XVIII, Sancho del XIX y Felipe del XX.

Les enseño la foto adjunta que nos envió el cubano y en seguida Felipe reconoce un detalle. «Ahí veo los tubos de la sirena que avisaba del ataque de aviones enemigos en la Guerra Civil, aunque entonces estaba en el otro lado del edificio, junto al Coso»   ̶ exclama. «Un edificio» ̶ puntualiza Ramiro, «que ocupa el lugar donde estaba Palacio de los Condes de Fuentes. Allí conocí yo a los Pignatelli». «Y yo asistí en sus jardines a una fiesta que dio el General Suchet en 1811, cuando los franceses gobernaron Zaragoza» ̶  concluye Sancho.

¡Vaya, pues sí que fue relevante aquel lugar! Lo que no sabían mis amigos era que allí vivió de joven Francisco Urzaiz, sobrino de la Condesa de Fuentes, que junto a su esposa Leonor sufragaron la construcción de las torres del Pilar que dan al Ebro. Y por eso se llaman de San Francisco y de Santa Leonor.

«Supongo que te refieres a Leonor Sala, hija del alcalde de la ciudad cuando se derribó la Torre Nueva» ̶  apunta Felipe.

Pues sí. Parece que esto va de torres. Aunque también podría decirse que va de avisos sonoros ante el acecho del enemigo, porque la mentada Torre Nueva hacía sonar sus campanas a principios de XIX cuando las tropas napoleónicas atacaban la ciudad, cumpliendo la misma misión que las sirenas de la imagen.

Sancho asiente con su cabeza mientras Ramiro, con gesto intrigado, retoma la fotografía para mirarla de nuevo.

Nacho de Zaragoza (España)

 

En mi país hubieran dicho: "Vaya mejunje de datos"... conectados, entrelazados y bifurcados, todos a partir de esta foto que muestra la permanencia en el tiempo de esas sirenas del pasado siglo XX. Yo, que soy el peregrino recién llegado a la Cesaragusta de cualquier tiempo posterior al año cero, agradezco que estos ilustres difuntos desempolven sus memorias cósmicas y me ilustren el pasado que pervive de varias maneras.

En mi país nunca hubo una guerra a esos niveles de sonar la sirena anunciando la posibilidad de un ataque bélico o el cierre de la vida social a determinada hora. Toda sirena que suene está asociada siempre a una incidencia trágica, un pre anuncio de algo en franca emergencia o puede tener el uso teatral de llamada de atención.

El caso más épico es el regreso de Ulises a Ítaca donde es amarrado al mástil de su barca para que el canto seductor de las sirenas no lo saque de su empeñado retorno a casa. La delicia de ese canto deriva en locura.

El sonido de una sirena dentro de una ciudad o en un campo de concentración masiva es otro modo de insinuación al terror y la preocupación. Justo hoy las noticias en la tele, pasaban imágenes donde se escuchaba una sirena en el Medio Oriente, luego la bomba, la detonación y las cifras de muertos. Otro escenario diferente a mí foto, otro contexto, otra realidad actual. La escena sigue siendo la misma: Esta vida que habitamos.


Budy de Bayamo (Cuba) 


martes, 3 de febrero de 2026

Paraninfo


Me costó situar la fotografía en el punto exacto de la ciudad, pero creo reconocer tras los ventanales enmarcados en arcos de medio punto, las formas actuales del Paraninfo de nuestra Universidad. Aunque para mí, en vida,  esta construcción  siempre fue la Facultad de Medicina y Ciencias.

Es posible que el fotógrafo cubano recorriera esas estancias husmeando las huellas de su antepasado José Martí y hasta es posible que se encontrara con alguna sorpresa.

O también, quizás, anduviera respirando el espíritu del Nobel Ramón y Cajal, en cuya rica biografía se cuentan ciertas andanzas por la isla caribeña.

«O quién sabe» –me apunta mi amigo Ernesto, zaragozano a caballo de los siglos XIX y XX, «si no estaba siguiendo el rastro de Albert Einstein, quien derramó su sapiencia por este Paraninfo en 1923, como más tarde, allá por 1930, lo haría en otro Paraninfo, el de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana».

No sé si podemos atribuir al autor de la imagen tales intenciones o si, simplemente pretendió captar el reflejo del alma zaragozana en este lugar emblemático. Un lugar que fue durante siglos extramuros, afueras desde la que mirar la urbe asentada tras la Puerta de Santa Engracia.

Un edificio, hoy central en la configuración urbana, que sigue observando la milenaria historia de su núcleo antiguo desde la mirada reflexiva de las figuras sedentes de su fachada:  Andrés Piquer, Miguel Servet, Ignacio Jordán de Asso y Fausto de Elhuyar.

Nacho de Zaragoza (España)


Tal vez yo, doblada la curva de los 60 octubres, vaya divariando mentalmente, pero creo que la foto la tomé en posición contraria, con el leve sesgo de pared roja hacia el lado visual izquierdo, pero bueno... a estas instancias qué importa eso; el arte bueno, mírelo como lo mires, si es de su antojo natural, siempre va a comunicar un detonazo en el alma.

Algo de cierto tiene el cronista aragonés que me antecede en esta aventura histórica imaginaria. Muchas veces camino los impresionantes pasillos del Paraninfo pensando en el hermoso Martí, pero una cosa es pensar y otra cosa es imaginar. No lo veo aquí, sino más bien allá en el barrio La Magdalena en el corner casi pegado a la calle Coso donde estuvo enclavado el verdadero edificio donde el hijo grande de Cuba largó su savia intelectual y se graduó en un palmo de año y medio de dos títulos universitarios después de liquidar también el período pre universitario. 

Pero volviendo a la foto y al Paraninfo, os digo que la hice camino a ver una exposición fotográfica llamada VIDA del zaragozano adoptivo (vivo) Gervasio Sánchez. Creo que todo conecta en leyes del universo. Mi foto es un reflejo, luego vi la Expo que refleja todo un abanico multi regional de países devastados por las guerras donde Gervasio, bajo bombas y balas, atrapó los síntomas de aliento con que muchos seres siguen viviendo y reflejó ese altruismo innato que sale del alma humana a pesar de las tragedias. Vi al autor de refilón dando luces de conciencia a estudiantes adolescentes y salí de allí feliz, asistido por fantasmas de luces claras, llámense José Julián, Enmanuel Sarbelio, Ramón y Cajal o el mismísimo ladrón de mis fotografías. 

 Budy de Bayamo (Cuba)

 


lunes, 19 de enero de 2026

Portillo


 

Puede que me ‘esbarice’ al comentar esta foto del cubano, pues mi vista se ha fijado en ese ‘esbarizaculos’ de color ‘royo’ que le quita toda la solemnidad al conjunto. Un conjunto que se me antoja más un ‘batiburrillo’ que una ordenada armonía.

Y también es posible que el ‘gronjeo’ del ‘baturro’, guitarra al ‘espaldero’, consiga ‘esbafar’ la pretendida épica belicista del monumento que preside Agustina Zaragoza, más conocida como Agustina de Aragon y que en realidad era de Barcelona.

Pero así son los memoriales: una ‘grilla’.

«¡No sé a qué viene tal profusión de aragonesismos, cuando aquí lo que importa es que ese monumento a la heroicidad de los zaragozanos en Los Sitios fue inaugurado por los mismísimos Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1908! » ̶  me larga de corrido un exaltado contemporáneo de aquellos monarcas que, sin yo darme cuenta, había atisbado por encima de mi hombro mis comentarios iniciales.

«¡Veo que es usted un ‘cubano’, siempre pendiente de las apariencias!» ̶  le contestó otro que por allí se acercó, atraído por las voces. «¡lo relevante de esa foto es el lugar, una de las puertas de la ciudad, la llamada del Portillo! » Y he aquí, que se pone a cantar una copla:

“Adiós Zaragoza antigua,
la de los ocho portales:
Tripería, la de Sancho,
el Portillo, la del Carmen,
Santa Engracia, la Quemada,
la del Sol y la del Ángel”

No parece que le hiciera mucha gracia al primero que lo llamaran ‘cubano’, por lo que, previendo una‘trifulca’, me alejé de ellos con mi fotografía. Algunos, ni de muertos, dejan de pelearse.

Y no se me enfade también nuestro fotógrafo, que el término ‘cubano’ no se refiere a un originario de aquella preciosa isla.

 Nacho de Zaragoza (España)

  

Pues mire usted las cosas de la vida... hago ese recorrido todos los días cuando voy de camino a mi trabajo y justo en esa plaza, el bus tiene una parada. Alguna que otra vez desde la ventanilla he tomado nuevas fotos porque es un horario muy de madrugada y me gustan las luminarias encendidas, la parroquia de fondo y el contraste que crea la esbeltez en la figura de Agustina Zaragoza.

Lo curioso es que ni yo mismo me acuerdo cuándo hice esa foto que ha provocado contubernio entre estos difuntos aragoneses que me han llenado el diccionario callejero de expresiones netamente "mañas", al punto de revelarme una relacionada con mi nacionalidad. El bueno de Nacho me ha contado en un sueño revelador que "cubano", dicho en esa época, era alusión a determinada altanería económica, alguien pretencioso o vanidoso de poseer riquezas, dado las conquistas que España ejerció sobre la isla en los siglos de la conquista de América.

Para terminar, reparo en un detalle: el difunto narrador de estas crónicas, en su alegato dice: "me alejé de ellos CON MI FOTOGRAFÍA"; de modo que, (por si las moscas), yo he venido CON ESTA MÍA tomada este amanecer de enero siglo XXI o ya no sé si en 1908.

Igual ahorita empiezan a discutir otra vez.

Budy de Bayamo (Cuba) 


domingo, 30 de noviembre de 2025

Caras

 



Me dio por contemplar al alimón estas dos fotografías. La primera, del cubano Budy; la segunda, de la venezolana Oma. Únicos autores, hasta el momento, que nos han hecho llegar sus imágenes.

Y no es extraño que ambas contengan tal profusión de caras humanas, pues los edificios a los que pertenecen datan de la misma fecha y, parece, que estaba de moda llenar las fachadas de rostros.

«Es cierto, Nacho, que por entonces era habitual poner caras de piedra en los edificios» ̶  me comenta Rafael, el criado de los Torrero, al que he convocado para que me comente las fotos. «Pero si me has llamado para que te diga a quiénes pertenecen, no soy yo la persona indicada. Ni soy ducho en prohombres ni en mitologías»

«No era esa mi intención, Rafael. Ya sé que a los Gigantes del portón de los Luna se les atribuye la representación de Hércules o Teseo (aunque algunos dicen que este último es Gerión) o que sobre el tímpano está el dios Helios. Y también sé quiénes dicen estar representados en la fachada de la Lonja» ̶  le respondí. «No, esa tarea se la dejo a historiadores, guías turísticos y wikipedias. De ti, que fuiste coetáneo de la construcción de esos edificios mediado el XVI, solo quería saber tu impresión ante tanta cara petrificada»

Rafael calló unos instantes. Luego dijo: «Nunca lo entendí»

Tal vez estos fotógrafos del siglo XXI lo entiendan, lo obvien o ya estén acostumbrados a tanta cara.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Mi primer deseo profesional -inconsciente- era hacerme arquitecto. No sólo porque podría darle rienda a una morfología imaginativa convertida en inmueble de uso social o particular; sino por lo alegóricas y simbólicas que pueden ser las formas que uno concibe y que sirve como otra forma de decir, un lenguaje desde la piedra tallada como son estos casos que el difunto del siglo XX nos convida a Oma y a mí a discurrir con estas fotografías que le han llegado a su buzón sideral.


Las miro y reflexiono: siempre he creído en los códigos esotéricos o profanos de los que la humanidad se ha valido para decir a través de diferentes formas. En aquellos tiempos que la mayoría de la población no sabía leer, estos rostros funcionaban como un libro abierto: ayudaban a comunicar ideas de protección, de poder o de fe. Se prestaban también para ahuyentar el mal y resguardar el edificio y a sus convivientes. Otros mostraban el estatus del propietario, ya fuera su linaje o su nivel de poder. Igual pueden verse como mensajes moralizadores y hasta atemorizantes, recordando a cualquier espectador de la vigilancia constante que tenemos de lo divino o la fragilidad de la que está hecha el ser humano. Me recuerdan el pórtico de una iglesia recién visitada en Calatayud, declarada Patrimonio de la Humanidad, donde en una columna aparece la ósea carabela, símbolo de la muerte; y frente a ella, en columna semejante y a la misma altura, el rostro de un niño como un ángel simboliza la vida.

En fin... que me ha gustado este post y lo he disfrutado a mares inimaginables.  Esas caras son, a la larga,  memoria esculpida, enigmas que sobrepasan al tiempo, miradas que nos llenan  de interrogantes necesarias de seguir despejando. Y por ahí vamos…


Budy de Bayamo (Cuba)

 

Sabrá Dios por qué tanta cara petrificada. Lo único que yo intuyo es que aún con el paso del tiempo, los cambios en las maneras de vivir y el desarrollo de nuevas tecnologías, la obsesión por las caras sigue viva. Y se siguen mostrando al mundo en cada era según la herramienta que tenemos disponible, en aquellos tiempo eran de piedra, hoy en día son fotografías digitales. Hemos creado espacios exclusivos para lucir y compartir nuestras mejores caras, –no en vano una de las redes sociales más utilizadas en estos tiempos es el Facebook, que traducido al español significa Portada, Carátula o Fachada–, y como ésta algunas otras, todas para mostrarnos, ajustándonos a los estándares sociales de estos tiempos, evidenciando estatus, modos de vida, poder, belleza. La verdad, me parece que van de lo mismo.

Pero como dice el dicho: "caras vemos, corazones no sabemos"

De la misma manera pienso, que al ser virtuales casi todos los registros de esta época, es probable que las próximas generaciones en los siguientes siglos, no se tenga rastro nuestro como aquellas caras de piedra.

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


jueves, 30 de octubre de 2025

San Pablo

 


Estuve enseñando esta foto de la iglesia de San Pablo a varios de mis colegas que vivieron en Zaragoza después del siglo XIV. Casi todos me comentaron el impresionante espacio que la torre cristiana destinó a campanario y que se adivina tras los vanos más grandes. Hasta que se la mostré a Yusuf.

«No tienen ni idea» ̶  me espetó, entre rabioso y resignado. «Ni era cristiana, ni ese espacio estaba destinado a un campanario. Aquella torre octogonal fue un alminar que se construyó en el siglo XI como maqbara para el Sultán de la taifa y el espacio al que aludes fue su cámara mortuoria.»

«¿Pero los musulmanes no entierran a sus muertos?» ̶  le repliqué.

«¡Ay, amigo! Ya deberías saber que las cosas no son negras o blancas. Por lo que yo sé, aquel Sultán era chií, a diferencia del grueso de la población que éramos suníes. Y los chiíes eran mayoritarios en Persia, donde todavía conservaban antiguas tradiciones del “zoroastrismo” o “mazdeísmo”, entre ellas la de colocar a sus difuntos en las alturas» ̶  me resumió pacientemente Yusuf.

Tras esta breve lección de historia, me quedé meditando sobre la relevancia de los motivos originales de nuestras construcciones frente a lo que sugieren a quienes las contemplan en cualquier época, como al propio autor de esta fotografía.

Y recordé la especial impresión que me produjo la primera vez que observé la torre desde sus pies y me vinieron a la cabeza aquellos versos finales del soneto que Gerardo Diego dedicara al ciprés de Silos:

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

 

«Si veis una cabeza de un viejo canoso y demacrado rodando por ahí, no asustéis hijo bueno que es la mía por defender la doctrina de mi señor Jesús». La voz me detuvo frente a la gigantesca torre que se erige sobre la iglesia San Pablo. Luego prosiguió:


«Si...yo soy ese mismo de quien has oído hablar, pero de quien poco sabes, porque tú te encargas de atrapar bellezas con historias, pero no siempre hurgas en las historias» (Tenía razón, pero la observación me despertó un ligero enfado. Vaya viejete regañón- me dije)

«Yo que nací en Tarso, en la tribu de Benjamín. Mi nombre real es Saulo, tenía ciudadanía romana y eso me daba un estatus de grandes influencias. Odié fervorosamente a los cristianos y como fariseo que era, arremetí sin piedad contra aquellos que veneraban la existencia de Jesús el Nazareno. Pero un día,  camino a Damasco, vi una luz que casi me ciega y escuché la voz divina de mi Señor. Su presencia fue la revelación más convincente de su eterna presencia, y sus palabras transformaron el espíritu que yo encarnaba. Desde entonces no hice otra cosa que recorrer todo el mundo grecorromano propagando su palabra sobre el reino de los cielos y fundando iglesias para que todos los gentiles supieran que Él era el camino, la luz y la verdad. Entonces fui yo el odiado, el perseguido, el humillado, el masacrado. Yo, el que renunció a todo su estatus, el que escribí las cartas más importantes del Nuevo Testamento, el que me empeñé en darle vida eterna en la palabra viva a quien dio la vida por nosotros y con su sangre pagó y limpió todos nuestros pecados, yo...»


La voz del viejo se quebró de emoción y yo sentí el filo de un metal cortante atragantando mi garganta, como si algo me cortara el aliento. Pareciera que mi alma estaba allí en el año 63 d.C.


Fue entonces que miré a la torre y me pareció ver a un ángel, a un Santo, a un hombre de inquebrantable fe. Y apunté con mi cámara y atrapé su vuelo; aunque algunos miren la foto ahora y solo vean un pedestal muy alto cerquita del cielo.


Budy de Bayamo (Cuba)

miércoles, 15 de octubre de 2025

Principal

 


Se me ocurre enseñarle esta fotografía al poeta del siglo IV Prudencio, destacado miembro de nuestra póstuma Asociación, indicándole el lugar exacto en que se sitúa ese teatro.

«¡Pues no me extraña que llamaran así a ese lugar» ̶  exclama el autor de la Psychomachia, « teniendo en cuenta que, según me dices, está junto a la puerta meridional de Caesaraugusta, al final del Cardo. Y, como es sabido, “Cardinal” y “Principal” vienen a significar lo mismo!»

Pienso para mí, y sin querer menospreciar la erudición del poeta, que no es ese el motivo del nombre.   

«¡Pero cómo iba ser ese!» ̶  nos espeta de sopetón Marcelino, uno que fue vidente a finales del XVIII y que me estaba leyendo el pensamiento, «El verdadero motivo fue que quisieron destacarlo de otros teatros de la época, cuando lo edificaron justo enfrente del que fue Coliseo de Comedias, destruido años antes por un incendio»

 «Y menudo incendio» ̶  interviene otro del XVIII que se acercó también a nuestra pequeña reunión, «Setenta y siete personas murieron allí. Incluso se llegó a prohibir el teatro por el Rey»

«Y eso que la única función de ese corral de comedias» ̶  apuntala el vidente, «era financiar al propio Hospital Nuestra Señora de Gracia, en cuyo interior se encontraba»

«¡Pero ¿cómo pueden decir que el arte de Plauto o Terencio solo tiene fines recaudatorios?!» ̶  bramó Prudencio, indignado.

Entre dimes y diretes, hemos formado un corrillo y representado un entremés alrededor de esa foto remitida por el cubano. No sé si a él le pasó lo mismo, pero a mí se me antoja que las encaramadas Talía, Melpómene, Euterpe y Terpsícore, además de musas de lo que se representa tras la fachada, ofician de espectadoras pétreas de los que actuamos de este lado, el verdadero teatro principal.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Pues sí, estimado amigo espíritu maño... no sólo que las musas del Olimpo presencien desde lo alto el dime y te diré de estos difuntos caballeros que aún, vivido estos espacios citadinos de la Cesaragusta milenaria, discutan la existencia y consistencia de sus datos reveladores; sino que estas cuatro diosas hermosas; aún perciben los contradichos tozudos de cualquiera que pase bajo sus sagaces miradas, perplejas de que en miles de años, los vivos y los muertos siguen siendo la misma irracionalidad irremediable.

No por gusto este servidor del lente artístico las atrapó en franca complicidad y recordó el pasaje en que el joven José Martí, apóstol crístico de Cuba, en su estancia zaragozana, traspasara el umbral de este fascinante teatro más de una vez, allá por 1873 para deleitarse con el bel canto de los tenores  Antonio Aramburo o Andrés Marín, cuyas voces, como si fueran  truenos de suave y lírica tempestad, lo llevaban a navegar otras dimensiones de su incipiente espíritu emancipador.

No sé si para entonces, ellas ya estaban colocadas ahí, pero imaginarlas ver entrar al hijo más grande de mi patria es la licencia que me atribuyo, sirva o no para una buena controversia afectiva con el tal Nacho de Zaragoza.


Budy de Bayamo (Cuba) 


lunes, 29 de septiembre de 2025

Panetes

 


Sorprendo a Rodrigo, templario del siglo XII, conversando con Yusuf, zagrí del XI, alrededor de esta fotografía remitida por la venezolana Oma.

«Esa torre inclinada que ves» ̶  comenta el del Temple, « perteneció a la iglesia que sustituyó en el XVI a la de la Orden Hospitalaria de San Juan, construida en el XII»

«Supe, después de muerto, que los cristianos la levantasteis en el lugar dende teníamos la Zuda, junto a la muralla» ̶  le replica Yusuf.

«Así fue. Y luego la llamaron San Juan de los Panetes porque allí se repartían panes a los pobres»     ̶  añade el cristiano.

Intervengo en la charla para preguntar a Rodrigo: «La verdad es que quedan pocos vestigios de la Órdenes de Jerusalén en la ciudad, quitando este recuerdo del que habláis sobre la Hospitalaria de San Juan y el hecho de que una calle todavía se llame del Temple»

 «Y el barrio en el que se encuentra también se denomina así,» ̶  me contesta, «pues allí se encontraba nuestra iglesia circular de Santa María del Temple. Además, te olvidas del Convento del Santo Sepulcro, cuyas Canonesas también pertenecen a una Orden de Jerusalén»

«Bonita historia,» ̶  interrumpe Yusuf, «pero, volviendo a la foto, me sorprende la inclinación de las figuras que allí aparecen y me pregunto si son así en la realidad, pues no hay ningún otro objeto que nos sirva de referencia, solo el cielo al fondo.»

Me quedo con las últimas palabras del musulmán, “el cielo al fondo”. ¿Y si la fotógrafa lo que quiso retratar era precisamente el azul del cielo y las figuras solo emergen para situarlo como cielo zaragozano, o mejor dicho, como el cielo que se vive hoy en Zaragoza. Ese cielo, ese color, esa luz que en realidad habitamos.

 

Nacho de Zaragoza (España)

 

Un cielo azul completamente despejado, un día hermoso con un clima sin desperdicio y una torre inclinada. En ese momento no necesitaba nada más que disfrutar de la vista, sin siquiera imaginarme todo lo que se ha podido vivir en ese lugar durante tantos pero tantos años de historia y vida en Zaragoza. 

Solo me atrapó el azul del cielo, y pensándolo bien no es casualidad que sea ese color mi color favorito. El cielo y el mar son azules, el azul del mar es el reflejo del color del mismo cielo, uno tan amplio e infinito y el otro tan profundo, pacífico e indomable. En mi tierra cuando el cielo está despejado y el sol está en su punto más alto, la luz que proyecta da un espectáculo de azules en el mar con tonalidades que seguramente no has visto nunca antes. ¡No, no es casualidad que sea mi color favorito!

Leyendo el comentario de Rodrigo, que nos dice que a la Iglesia la llamaron San Juan de los Panetes porque allí se repartían panes a los pobres, solo puedo pensar en lo mucho que extraño el pan dulce de mi San Cristóbal, aquel al que en el resto de Venezuela han llamado siempre "pan andino". Un pan de miga tierna y esponjosa, dulce y con una corteza crocante que de solo describirlo se me hace agua la boca y me lleva a mis años de infancia, cuando iba con mis padres a la panadería y se nos hacía difícil decidir cuál y cuántos comprar, porque había variedades y nos gustaban todos.

Ahora de mayor, y después de tanto extrañar este pan, he investigado un poco para saber qué lo hace tan diferente y especial. Y es que es un pan que, a pesar de tantas influencias extranjeras y desarrollo de la gastronomía, ha preservado la receta desde sus orígenes, estando su principal secreto en que se elabora de manera artesanal a partir de una masa madre llamada Talvina, elaborada con harina de trigo, panela y agua, que luego se combina con leche, huevo y mantequilla. Esa combinación de tradición, textura y sabor la llevo conmigo desde San Cristóbal hasta cualquier lugar del mundo en el que me encuentre.

Oma de San Cristóbal (Venezuela)


sábado, 13 de septiembre de 2025

Sas / 2


 

Aunque no se vea en la imagen, por debajo de la cruz pasa un río en silencio (la Virgen está dormida). Quiero decir que esa cruz se sitúa sobre un tajamar del Puente de Piedra, lugar favorito de los turistas para hacer fotografías.

«¿Turistas?» ̶  me mira con extrañeza el legionario romano Caius. «¿Qué es eso»

Como no le respondo, sigue con su cuento:

«¿Y esa cruz, tú sabes a qué viene?»

 «Es un memorial que recuerda a tres héroes de la guerra de la Independencia, uno de ellos el presbítero Sas» ̶  le respondo.

«¿Qué es un presbítero?»

Desisto de contestarle. El simplón de Caius no ha seguido la actualidad en estos últimos dos mil años y hay que explicarle todo. Menos mal que se ha acercado Bernardo, que vivió aquella guerra de principios del XIX y  seguro me aporta algún dato.

«Es cierto, Nacho» ̶  empieza comentando Bernardo, «el pobre Santiago Sas y el Padre Boggiero fueron asesinados a bayonetazos sobre ese puente tras la rendición de Zaragoza a los franceses»

«Pero creo que la cruz recuerda a tres personas» ̶  le puntualizo.

«Sí. El otro era José María Joaquín Vicente de L’ Hotellerie de Fallois y Fernández de Heredia, Barón de Warsage, un curioso personaje nacido en Calatayud pero de origen flamenco, que también murió sobre el puente, aunque éste en plena refriega»

Entretenido con esta historia, casi se me olvida comentar ese otro elemento que aparece en la fotografía, ese edificio con múltiples torres que suele asociarse a la imagen de la ciudad. Un edificio singular. O no tanto, porque las dimensiones de su planta son exactas a las del templo de Artemisa (diosa virgen y madre) en Éfeso, una de las siete maravillas de la antigüedad.

Es curioso que la Virgen María, dice la tradición, tras visitar las orillas del Ebro, viajara hasta Éfeso para tener allí su última morada en la tierra. Tendré que hablar con algún asociado de la época romana más culto que Caius a ver si me da alguna pista.

Nacho de Zaragoza (España)

 

Siempre termino seducido por determinada belleza y por lo que muchas veces entraña como misterio, como magia un enigma al que nunca le he buscado respuestas. 

 No siempre es el fotógrafo quien ve la foto. Ella siempre ha estado ahí esperando que te dignes en descubrirla (si de verdad te consideras un fotógrafo de marras), hasta el día que te sale al paso y se crea esa sutil complicidad llena de coquetería, con un poder de imantación irresistible (como suele suceder a veces entre un hombre y una mujer que se cruzan miradas) y en cuestión de segundos, tú que andas levitando de amor por la ciudad elegida para tus años de vida, te percatas que todo parece perfecto: la luz, el color, la temperatura ambiente, la posición del sol, el ángulo, la perspectiva, la ubicación de los sujetos, la proyección con fuerza visual...y sin pensarlo mucho - porque ya estás definitivamente atrapado por ella; es la foto quién te está somatizando- haces el clic de la perpetuidad sin darte cuenta que debiste agacharte más y tomar la cruz a tamaño completo, pero a esa hora mágica te olvidas de las reglas de los tercios, de la composición perfecta, del encuadre idóneo, te olvidas de todo porque es la belleza quien te ha hecho la foto a ti, dejándote suspendido en un solo clic como suele hacer siempre la fuerza de un beso. Un beso que suena así...

 Budy de Bayamo (Cuba)


sábado, 6 de septiembre de 2025

Sas /1

 


Cuando moré en Zaragoza en el pasado siglo XX, solía acceder por Candalija a la calle Alfonso con estas mismas vistas que retrató el fotógrafo bayamés, es decir, con la Plaza de Sas al fondo.

Aunque en la presente imagen hay algo que se interpone y que yo nunca vi entonces: la gigantesca figura de un ser desnudo que parece portar un par de animales. Supongo que será reciente su aparición en medio de las calles zaragozanas, aunque debo decir que yo esa escultura ya la había visto en vida en algún otro lugar.

«Mira, Ramiro. Ahí estaba la plaza del Carbón» ̶  oigo decir a Artal, noble del siglo XV que en ese momento miraba la foto, junto a su amigo, por encima de mi hombro.

«Y en su interior se encontraba el Peso del Rey» ̶  le contesta el tal Ramiro.

«Calculo» ̶  prosigue Artal, «que la estatua estaba donde en nuestra época discurría el Trenque de Ximeno Gordo»

«¡Menudo tipo el Ximeno Gordo!» ̶  exclama el otro. «Tuvo que venir el futuro rey Fernando, entonces príncipe, a sofocar la revuelta de los “populares” y ajusticiar en la Aljafería a Ximeno Gordo, su cabecilla»

«Sí, recuerdo que expusieron su cadáver junto al Mercado ¡Qué tiempos!» ̶  sentencia su amigo.

Ajeno a esa charla, un asociado, coetáneo mío, me reclama para confirmarme que esa escultura también él la vio en otro sitio, entregándome una fotografía para confirmarlo.

¿Será que aquel hombretón de bronce bajó de su pedestal para visitar las calles zaragozanas?



Nacho de Zaragoza (España)


Poco sé yo de cómo era la Zaragoza de principios del siglo XX. Si bien el mundo no era nuevo, si lo empezaba a ser en modernidad y tecnología avanzada. Y para los primeros años, exactamente en 1928, el artista plástico y escultor aragonés Pablo Gargallo, avezado en dominar técnicas de fundición del arte moderno, elaboró en bronce la escultura de la que hoy mis muertos asistentes me susurran al oído. Nada más y nada menos que "El pastor del águila".


Uno de los difuntos vivientes dice parecerle haberla visto en otro sitio, fuera de su actual emplazamiento en la calle Alfonso I, esquina Candalija, pero lo real es que la segunda foto que avisoro dentro de esta zaragozacuántica está ubicada en la plaza Cataluña de Barcelona desde el mismísimo 1928. La que atesora Zaragoza en su céntrica calle devenida paseo peatonal, fue reproducida igualmente en bronce, con el mismo molde, y erigida en ese pedestal en mayo de 2003...que por cierto, tiempo después, intentaron robarla de ahí, pero los ladrones solo lograron mover la base del pedestal.


La escultura representa a un pastor protegiendo a su rebaño del ataque de un águila, a la cual enfrenta con su mano izquierda, mientras que con la derecha, parece acariciar a una de sus crías. Su ubicación enfila los pasos hacia desde dónde yo la tomé. Venía del museo Pablo Gargallo, su autor, cuando me llamó la atención el torso desnudo, la posición, el fondo (que ahora se que es la plaza SAS) y el águila intrépida y bestial. No sé por qué recordé a una escultura de Hércules ubicada en la Plaza Nuestra Señora en Florencia. Seguro que es por la definición de sus músculos.

En mi paso fugaz por Zaragoza en el 2019 la vi por primera vez y tengo de recuerdo una foto donde el pastor parece decirme: "Te espero dentro de poco para contarte mi historia". Y ya ven, aquí estoy.

Budy de Bayamo (Cuba)