Recuerdo una canción del siglo XX
que decía: “Bares ¡qué lugares! tan gratos para conversar”, y no puedo
dejar de pensar en la cantidad de lugares, o sitios, gratos que tiene Zaragoza.
Quizás de ahí viene el nombre de ese monumento a los Sitios zaragozanos de la
foto, ubicado en su homónima plaza.
«¡Pero qué dices, majadero!»
̶ interrumpe mis cábalas la Condesa de
Bureta, heroína de los Sitios, de aquellos a los que de verdad se refiere el
monumento. «¿O es que todavía estás borracho de tus visitas a esos bares?»
̶ continúa imprecándome, «¡Has de saber que los zaragozanos
defendimos con bravura la ciudad sitiada por el poderoso ejército de Napoleón!».
«No, si eso ya lo sé» ̶ me defiendo. «Y sé que también nos
sitiaron los ejércitos de Childeberto en el siglo VI, de Carlomagno en el VIII
o de Abderraman en el X. Yo solo pretendía hacer una asociación de palabras,
como hacía mi madre cuando decía que Zaragoza es la ciudad de los sitios».
Ni me respondió la señora. Hizo girar sobre sus pies la aristocrática y heroica figura que se trajo del XIX y me dejó
solo con mis asociaciones.
En ese estado, me vino a la mente
otra figura, la del autor de la foto. A ese sí que le gustan las asociaciones y
disociaciones lingüísticas. Le hablas de ‘peras’ y te contesta con ‘manzanas’
¡A ver por dónde nos sale esta vez! ¡Con qué cuento nos responde!
Nacho
de Zaragoza (España)
Menuda
provocación me incita
el maño que doy
por muerto
que no por
muerto me atrevo
hablar con rima
y lo convenzo
que a buen
cubano letrado
en asuntos
pronunciados
la historia le
viene arriba
no importa si
es en los Sitios
o en sus
alrededores con bares
importa que dos
juglares
de milenios
diferentes
tozudos y
cabezones
se den con la
nariz en la frente
escribiendo a
contracorriente
lo que uno
espera del otro
las cosas que
no son polvo
sino
importantes datos de historia
que en esta
foto no hay derrota
sino toda una
proclama
de aquel campo
de batalla
frente a las
huestes napoleónicas
una mujer alza
la bandera
empina el pecho
y grita
por Zaragoza mi
sangre
por Zaragoza mi
vida.
Y así voy
dejando al maño
con su
escuálido tamaño
estos versos
mal rimados
desafiando su
destreza
de contar
buenas historias
con increíble
belleza.
Budy de Bayamo (Cuba)
