Me costó situar la fotografía en el punto exacto de la ciudad, pero creo reconocer tras los ventanales enmarcados en arcos de medio punto, las formas actuales del Paraninfo de nuestra Universidad. Aunque para mí, en vida, esta construcción siempre fue la Facultad de Medicina y Ciencias.
Es posible que el fotógrafo
cubano recorriera esas estancias husmeando las huellas de su antepasado José
Martí y hasta es posible que se encontrara con alguna sorpresa.
O también, quizás, anduviera
respirando el espíritu del Nobel Ramón y Cajal, en cuya rica biografía se
cuentan ciertas andanzas por la isla caribeña.
«O quién sabe» –me
apunta mi amigo Ernesto, zaragozano a caballo de los siglos XIX y XX, «si
no estaba siguiendo el rastro de Albert Einstein, quien derramó su sapiencia
por este Paraninfo en 1923, como más tarde, allá por 1930, lo haría en otro
Paraninfo, el de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La
Habana».
No sé si podemos atribuir al
autor de la imagen tales intenciones o si, simplemente pretendió captar el
reflejo del alma zaragozana en este lugar emblemático. Un lugar que fue durante
siglos extramuros, afueras desde la que mirar la urbe asentada tras la Puerta
de Santa Engracia.
Un edificio, hoy central en la
configuración urbana, que sigue observando la milenaria historia de su núcleo
antiguo desde la mirada reflexiva de las figuras sedentes de su fachada: Andrés
Piquer, Miguel Servet, Ignacio Jordán de Asso y Fausto de Elhuyar.
Nacho
de Zaragoza (España)
Tal vez yo, doblada la curva de
los 60 octubres, vaya divariando mentalmente, pero creo que la foto la tomé en
posición contraria, con el leve sesgo de pared roja hacia el lado visual
izquierdo, pero bueno... a estas instancias qué importa eso; el arte bueno,
mírelo como lo mires, si es de su antojo natural, siempre va a comunicar un
detonazo en el alma.
Algo de cierto tiene el cronista
aragonés que me antecede en esta aventura histórica imaginaria. Muchas veces
camino los impresionantes pasillos del Paraninfo pensando en el hermoso Martí,
pero una cosa es pensar y otra cosa es imaginar. No lo veo aquí, sino más bien
allá en el barrio La Magdalena en el corner casi pegado a la calle Coso donde
estuvo enclavado el verdadero edificio donde el hijo grande de Cuba largó su
savia intelectual y se graduó en un palmo de año y medio de dos títulos
universitarios después de liquidar también el período pre universitario.
Pero volviendo a la foto y al
Paraninfo, os digo que la hice camino a ver una exposición fotográfica llamada
VIDA del zaragozano adoptivo (vivo) Gervasio Sánchez. Creo que todo conecta en
leyes del universo. Mi foto es un reflejo, luego vi la Expo que refleja todo un
abanico multi regional de países devastados por las guerras donde Gervasio,
bajo bombas y balas, atrapó los síntomas de aliento con que muchos seres siguen
viviendo y reflejó ese altruismo innato que sale del alma humana a pesar de las
tragedias. Vi al autor de refilón dando luces de conciencia a estudiantes
adolescentes y salí de allí feliz, asistido por fantasmas de luces claras, llámense
José Julián, Enmanuel Sarbelio, Ramón y Cajal o el mismísimo ladrón de mis
fotografías.
